• Cámara rota

¿Algún remedio casero para evacuar semillas de sandía?



Ya lo diría cierto cool antihéroe: “La vida es una serie interminable de desastres con intervalos breves, como comerciales de felicidad, este había sido el mejor corte comercial, así que era momento de volver a la programación habitual”.

Claro está que no por eso uno dejará de intentarlo, no señor, persiste ese pequeñito deseo que siempre se las ingenia para sobrevivir, como parásito, o a lo mejor como esa semilla de sandía que de niño te tragaste y nunca viste salir, entonces creciste suponiendo que vive dentro de ti y a estas alturas por lo menos ya debe ser una pequeña plantita con ramitas y diminutas hojas verdes.


Claro que uno también podría ser la excepción a la regla…podría ser.


Porque a final de cuentas es innegable que existen precedentes, que la prima de tu amiga es prueba de ello, pero si esa chica conoció a su esposo por alguna red social extinta y bueno para acortar la historia al punto que de verdad nos interesa, al día de hoy son una pareja feliz, bueno, hasta donde sabemos porque tampoco es como que convivamos con ellos, vale, no nos abrumemos tampoco con eso, no.

Pero ¿Para qué opacar este bonito brillo que caracterizan a las historias de amor indagando si son felices o no?, ¿para qué preguntarles si tomaron la decisión correcta o no? ¿para qué enterarse si ahora ya lo han pensado mejor y han concluido que se precipitaron al emparejarse… o no? No, esa información no nos interesa, en todo caso esos testimonios suponen un peligro para la pequeña plantita de sandía.


¡Pero qué cosita más curiosa y bonita son esas diminutas sandiitas que le crecen! ¿No les parece?


Si hasta caben en la palma de la mano. Por Natali.

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