• Nicolás Jaula

Crónica de un trámite burocrático



El sol está pegando muy fuerte y no sé cuánto vaya a durar este martirio. Tengo hambre y pronto me comenzará a doler la cabeza y rugir la tripa. En la primera fila estuve 45 minutos, sólo para que me dieran una ficha con mi turno. El 363. Hasta eso es un bonito número, que visualmente se ve bastante bien.


Me pongo a pensar si alguien, en alguna parte del mundo, ha conocido al amor de su vida en la fila de un trámite burocrático. Recuerdo haber entablado conversaciones con señoras o señores parlanchines, de esos a los que siempre les gusta platicar con cualquier persona. En esos casos la despedida siempre es incómoda o a veces ni siquiera llegas a despedirte porque siempre uno pasa antes que el otro a hacer el trámite o papeleo. ¿Cómo te despides de alguien que prácticamente es un desconocido?, ¿pásame tu número?, ¿hay que hacer negocios juntos? Creo que sería un poco difícil ligar en un lugar que de por sí es hostil, realizando una actividad que nadie quiere hacer.


La fila fue avanzando mientras perdía el tiempo pensando estupideces. Miro el reloj y me doy cuenta que han pasado 33 minutos exactos, otro número que visualmente me parece bonito. Ya me encuentro dentro del edificio y estoy a unas 7 personas de entrar a la oficina donde se encuentran los pequeños cubículos con las secretarias. Siempre he tenido una mala relación con las secretarias, de hecho, con cualquier figura de autoridad. Me pone nervioso su frialdad y ese poder que tienen de joderte con frases cortas como: "te falta un sello" o "te falta una fotocopia". Este pensamiento me hace revisar mis documentos por vigésima ocasión.


Por fin llego con la secretaria, me pide los papeles y los empieza a revisar. Mientras hace eso me pongo a revisar el entorno: los muebles setenteros, las enormes fotocopiadoras color crema y los folders amarillos. En eso su voz interrumpe mis pensamientos "en este recuadro no debiste de haber firmado, tu solicitud ya no sirve". Lo peor estaba sucediendo, tenía que pasar por este martirio de nuevo por un error mío. Mientras pienso esto, veo que teclea rápidamente, da unos cuantos clics, se incorpora y dirige a la parte de atrás donde se encuentra una impresora. Regresa con una nueva solicitud y me pide que la firme de nuevo (esta vez sin cagarla), diciéndome "para que ya no regreses". Firmo, ella guarda los documentos, agradezco de corazón y me largo.


Salgo del lugar y noto que ahora la fila es el triple de larga. Estoy satisfecho, tal vez no conocí al amor de mi vida en la fila, pero sí a una secretaria buena onda.

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