• Carlos Susarrey

El Nadie primigenio: Galeano



No te pierdas, loco, en este valle,

que en estas calles

uno se enamora.

Se encuentra en el baldío

de los ferrocarriles,

se pierde la razón

con el calor y un tequila…”.


“Franky y Juanita en Laredo”

La rabia de los locos

Rafael Catana


Por cada vez que se hable de un uruguayo, se debe considerar y ponderar la cantidad de talento per cápita que ostenta un país que, en la actualidad, apenas rebasa los 3 millones de coterráneos.


Para que puedas tener una idea más clara de cuánto ingenio hay en esa tierra, imagina que todos los avispados en cualquier ámbito social los hubiéramos sacado de sólo uno de estos estados en México: Guerrero, Tamaulipas o Oaxaca, que contienen la misma cantidad de habitantes.

Así, sin importar en qué rama de la cultura o contracultura participe uno o más oriundos orientales rioplatenses, el resultado siempre resultará ser un porcentaje muy alto en calidad de intervenciones.

¿Cómo explicar que, de una tierra tan “poco habitada”, se pueda extraer tanto talento?


El pasado mes de abril nos trajo a la memoria que ya se cumplen 6 años de su muerte.

Eduardo Galeano, uno de los más persistentes, resistentes, valiosos iconos de la izquierda latinoamericana. Esta es una excelente oportunidad de ponerle rostro y materia a la famosa frase de Bertolt Brecht:


Hay hombres que luchan un dia y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.


Ya que su vasta obra daría pie a cualquier cantidad de reseñas, he decidido abordarla con un orden de importancia, únicamente dictado por los latidos del corazón. Estos latidos se aceleran cada vez que leo en redes sociales un extracto de El libro de los abrazos. Es inevitable, entonces, comenzar desde aquí.


Para entrar por la puerta de este bello libro, antes debes entender que no tendrás para ti una narrativa lineal, sí tendrás varias líneas de tiempo, pero no solamente un hilo conductor. Cada página y abrazo que te da Galeano es una anécdota que refiere a su potente poesía, o a una reflexión izquierdista, o a una cita de alguien que conoció y le dejó una huella, y un largo y tendido etcétera.

Desde ahí, comparado a la mayoría de su trabajo, yo considero este libro como una de esas espontaneidades que nuestro Eduardo tuvo impulso de cometer, esa marea de letras e ideas estrellándose dentro y entre sus pares craneales, esa necesidad de platicarnos sus bastantes historias, trazos poéticos, ideales rojillos, todo en un caos ordenado perfectamente, que le da toda la vuelta a lo “indebido” de escribir sin aparente ton ni son, para terminar por ser un libro igual, sino es que más célebre que sus más aclamadas obras.


Galeano (quién, por cierto, fue colaborador en nuestro periódico La Jornada) nos propulsa con estas letras a enfrentar la vida, desenterrando el hacha de guerra contra la vida misma; nos impulsa a revelarnos contra toda posible adversidad desde su ejemplo: un hombre que sobrevivió a dos persecuciones políticas proporcionadas por dos diferentes regímenes dictatoriales que lo obligaron al exilio; que dio la pelea por años contra el cáncer de pulmón, que le terminó ganando la partida; que, lejos de mostrar la bandera blanca y rendirse, siempre llevaba amarrada al cuello la roja, la de la izquierda, la de la equidad, igualdad, la de la estructura justa e individualista. Si ese hombre pudo hacerlo por toda una vida, y ya que no es un alien venido del espacio, tenemos que exigirnos a nosotros mismos llegar a esas alturas ilimitadas.


Personalmente, el libro, que siempre asimilo de maneras diferentes cada vez que lo releo, me deja variadas sensaciones; algo como la trilladísima frase “montaña rusa emocional”. Es muy probable que su poesía también a ti te deje el sabor en la boca a almendras bañadas de chocolate, que te refresque como el aire que entra por la ventana y aterriza en tu frente perlada de sudor cualquier martes de verano y, que de pronto, pases a un estado colérico e impotente debido a sus recuerdos durante el exilio. Permea con magia tu imaginación describiéndote personas centelleantes en apenas 10 a 15 líneas. A pesar de todo lo anterior, su mayor triunfo está en redefinir, con este anecdotario y su consabido estilo narrativo, los conceptos básicos de comunicación, arte, política, guerra, amor y desamor.


De algo puedes estar seguro.


Una vez que leas o releas esta obra, será muy fácil que la compares con el concepto de amarrar un lazo desde tus tobillos hasta la silla de un caballo, gritarle “¡arre!”, dejar que te arrastre por cualquier vereda irregular y, una vez que el caballo se detenga, tú te levantes, te sacudas el polvo y grites a todo pulmón:


— ¡Otra vez!


En estos tiempos de transformación en México, leer los conceptos y vivencias socialistas del aclamado y virtuoso Galeano, es una obligación solidaria.


Para que, así, despierte en nosotros, precisamente, la rabia propia de los locos.


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