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Gota a gota: Navegando por las Aguas de la Crisis Hídrica



Por Osiris Israel Benítez Vasconcelos


En los últimos días, en la ciudad de Oaxaca, donde resido, el problema del agua se ha vuelto más evidente. En varias colonias de la ciudad, la distribución del agua ha llegado a extenderse hasta períodos de 30 días o más, afectando a miles de hogares que carecen de recursos o medios para almacenar agua. Esta situación ha llevado a numerosos residentes a manifestarse por la escasez de agua. Aunque los manifestantes señalan al encargado de los Servicios de Agua de Oaxaca (SOAPA) como responsable e ineficiente, este problema no es reciente; se arrastra desde hace años, afectando diversos sectores, mientras que otros, como el turismo, consumen grandes cantidades de agua.

No obstante, el problema no se limita a la ciudad de Oaxaca. Según el Instituto de Recursos Mundiales (WRI México), solo dos estados, Chiapas y Tabasco, tienen un riesgo bajo de escasez de agua, mientras que 15 estados están al borde de quedarse sin agua. Un ejemplo reciente es Nuevo León.

¿Qué se puede hacer ante esta disyuntiva? En primer lugar, es crucial entender que el problema del agua es más grave de lo que se piensa. Según la física, filósofa y escritora india Vandana Shiva, en su libro “Las guerras del agua”, ya existen guerras por el agua debido a dinámicas de mercado como la agricultura moderna, la minería y el mercado de agua embotellada. Para Shiva, los seres humanos modernos han abusado de la tierra, destruyendo su capacidad para recibir, absorber y almacenar agua.

Esta crisis del agua es una crisis ecológica con causas comerciales, pero la solución va más allá de la lógica del mercado. Shiva aboga por mantener la gestión comunitaria y los derechos colectivos del agua, considerándola un recurso de usufructo compartido, en lugar de ser propiedad exclusiva.

Es esencial cambiar nuestra relación con el agua, devolviéndole un valor ecológico y social, no limitándola solo al aspecto comercial. En este contexto, la autora destaca la importancia de evitar la privatización del agua, que, bajo la excusa de eficiencia, puede perjudicar tanto a proyectos públicos como a la gestión ética del recurso. Además, destaca la necesidad de establecer marcos jurídicos adecuados para garantizar el uso correcto del agua.

La solución no solo radica en señalar culpables, sino en replantear nuestra relación con el agua, devolviéndole un valor que trascienda lo comercial y abogando por la gestión comunitaria y derechos colectivos. Es imperativo adoptar medidas que vayan más allá de la lógica del mercado y preservar, de manera ética y sostenible, este recurso vital para las generaciones presentes y futuras.


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