• Stefani Pedroza @sigopacheca

La sanación



¿Qué he hecho durante la cuarentena? En uno de esos abruptos pensamientos que llegan a mi mente de la nada, se presentó esa pregunta. Me puse a pensar qué he hecho desde que nuestro mundo dio un giro de 180°. La respuesta fue mucho y nada.


Y así es, fue un año en el que social o materialmente no tuve cambios o mucho movimiento, pero espiritual y mentalmente lo hice TODO. Sin duda, morí en algún momento de inicios del 2020 y renací a lo largo de él; volteo a ver el pasado y no me reconozco. ¡Y me da tanto gusto!


Puede que les suene raro, pero el 2020 fácilmente podría convertirse en uno de los años favoritos de mi vida.


¿Por qué? Porque aprendí a sanar.

¿Cómo? Haciéndome responsable de mí misma y de lo que siento.


No voy a escribir una guía de “sanación” porque no la hay, todos vivimos nuestros procesos de diferente forma. Solo quiero compartir cómo fue que yo comencé mi proceso -que aún no concluye y creo nunca lo hará- porque todos siempre nos estamos curando o reponiendo de algo.


Antes que todo, debo decirte que tienes todo el derecho de estar triste. Vive el dolor, disfrútalo, gózalo, porque no va a durar para siempre.


Comienzo por contarte que para mí, 2019 fue un año realmente difícil, al grado de que algunas veces llegué a pensar en el suicidio. Y en ese momento, yo creía que todo lo que me había pasado era malo, cuando no, no lo era, solo fueron cambios que yo necesitaba para evolucionar, y hoy en día agradezco muchísimo todo lo que viví, todas las personas que se fueron y todas las que llegaron.


En esos momentos (desde mi nacimiento hasta el 2019, realmente), yo interpretaba y abrazaba el papel de víctima, y claro, como tal, me pasaba todo lo malo y le echaba toda la culpa a los demás; me autocompadecía, no aceptaba mis errores, todos estaban mal menos yo. Todos eran malos menos yo, ¡gran error!


Y ahí radica todo, en dejar de ser víctima, en hacerte responsable de las cosas que hiciste para llegar a sentirte y estar ¡taaaan mal! En aceptar tu oscuridad, aceptar que en este mundo todo es causa y efecto, que lo que se siembra se cosecha, y después de bajarte de tu papel de víctima, aceptar que eres humano, que la cagas y que lo que estás viviendo no son más que consecuencias de tus actos. Después viene la parte más difícil, actuar – moverte – evolucionar.


Debes saber que la sanación no es un camino lineal, la sanación es una serie de altas y bajas emocionales, una onda de frecuencias, como todo en la vida. Unos días vas a sentir que ya saliste del proceso y otros días vas a querer darte por vencido, pensando que nunca saldrás de ese hoyo; la clave es el tiempo y la paciencia, los bajones emocionales cada vez serán más distantes, ¡valdrá totalmente la pena!


Pero estábamos en que debes comenzar a tomar cartas en el asunto y moverte. Y sobre todo SOLTAR EL PASADO. Ya te sentiste triste, lloraste por días, pero ya no puedes hacer nada más al respecto. Lo que sí puedes hacer es ocuparte en el PRESENTE. Me he dado cuenta que la gente que es infeliz normalmente vive en el pasado o en el futuro, pero nunca en el presente. Vive tu presente, encárgate de estar feliz, triste o enojado, ¡lo que quieras!, pero ¡hoy!, ¡en este momento! Personalmente, comencé a “moverme” cuando decidí volver a conocerme, volver a saber quién era yo, las cosas que me gustaban, lo que me apasionaba, la música con la que me identificaba. ¿Cuál era mi nuevo museo favorito?, ¿qué series o películas me gustaban?, ¿cuál era mi talento?


Y así empecé, retomé lecturas que había dejado a medias, comencé a hacer meditaciones -que más que meditaciones son pláticas conmigo misma- me di la oportunidad de escucharme para saber qué quiero, por qué estoy triste o enojada y para saber identificar qué siento en esos momentos. Empecé a cuidar mi cuerpo, a comer mejor, a hacer ejercicio, incluso, comencé a escribir y a dibujar. Y así podría seguir con la lista, pero lo más importante fue que afronté uno de mis mayores miedos: estar sola.


Por primera vez en mi vida, decidí no empezar una relación para ponerle un parche a la herida. Me obligué a estar soltera, a que, por más que la ansiedad me comiera, vivir espacios de soledad y estar conmigo misma. Al principio fue muy difícil, porque yo no me quería, puedo decir, incluso, que me odiaba, pero con todo el trabajo antes mencionado, me fui queriendo, cayendo bien, me fui perdonando, hasta lograr convertirme en mi persona favorita y amar estar en soledad, amar estar conmigo, amarme a mi completa, aceptándome en luz y oscuridad.


Un paso muy importante es HACERTE RESPONSABLE DE LO QUE SIENTES, si bien, no podemos controlar todo lo que nos pasa en la vida, sí podemos controlar cuánto dejamos que nos afecte.


Pongo el ejemplo de un conocido que perdió la pierna en un accidente automovilístico, hecho que él no pudo controlar, pero sí supo cómo enfrentarlo. Bien pudo entrar en el papel de víctima (ojo aquí) y dejarse caer y esperar que todos lo “pobretearan” e hicieran todo por él, mientras se quedaba todo el día en su silla de ruedas lamentándose, llorando y hundiéndose en la amargura, pero ¡no! decidió hacerse responsable, actuar y se comenzó a adaptar a su nueva condición física, comenzó a fluir, con los recursos que tenía, se puso una prótesis, se ejercitó física y mentalmente y hoy en día es una de las personas más plenas que conozco.


Y puede que esto ya te esté sonando como algo motivacional, pero es algo completamente real. Siempre estamos echándole la culpa a los demás de lo que sentimos y de lo que nos pasa, pero jamás miramos hacia adentro y vemos que los únicos culpables somos nosotros mismos, y que somos los únicos que podemos realizar un cambio en ello.


La aceptación y el saber adaptarte a las circunstancias forman papeles importantes, estamos en constante movimiento, siempre hay cambios y este año nos lo ha dejado muy claro. ¡Fluye, adáptate, acéptate, muévete!

Personalmente, pienso que en esta vida estamos para aprender y yo he aprendido que, así como hay felicidad, hay tristeza, que para que haya luz debe haber oscuridad. Vive tu tristeza, aprende de ella, evoluciona, ¡toca fondo!, no le temas al dolor. Recuerda que los árboles crecen tal alto como lo hacen sus raíces.

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