• Lakónika

Los shorts a cuadros


Tuve unos shorts de cuadros blancos con verde —por allá de los años noventas— muy

lindos que me compró mi mamá en un puesto de ropa de paca, en el mercado sobre ruedas de la comunidad donde vivíamos. Tendría seis o siete años. Me encantaban esos shorts, me daban independencia, podía moverme libremente y escapar de un par de hermanos cómplices de juegos...


Pasó el tiempo, fuimos creciendo y... Una tarde años después, entré a la casa para ponerme los fabulosos shorts y regresar a jugar con mis hermanos. Mi mamá estaba en la entrada de la casa, regando sus plantas, cuando me vio salir, me llamó de un grito. Un poco asustada, me volví hacia ella con cara de asombro, pues ella no solía gritarnos. Me pidió que entrara a cambiarme, no comprendí por qué me lo exigía... Tiempo después me dijo:


–Los hombres no respetan a las mujeres que muestran sus cuerpos, por eso es mejor ocultarlos. Es mejor que ya no te pongas el short porque ahora que has crecido, te ajusta diferente, no creo que quieras que te miren las piernas, que te toquen, lo mejor es que te cubras.

Wow! Me sorprendió mucho la explicación de mi madre porque, me di cuenta de que todo ese tiempo, había estado viviendo en un mundo completamente diferente. O al menos, eso creía yo.


A partir de ese momento, cerca de los 12 años, desperté a una realidad, una muy hostil. Desde que fui pequeña mi madre siempre me dijo: –Hija, que nadie te toque tu colita–, pero yo no comprendía nada. después de esa explicación todo tenía sentido.


Al principio, ejercí mi femineidad de manera natural hasta que... Las malas experiencias fueron surgiendo: el acoso de los hombres en el trabajo, en el transporte, en la escuela... –¿Por qué a mí?– me preguntaba, –¿Por qué yo?


El sentimiento de inseguridad y vulnerabilidad se apodera de una vida y... Resulta difícil, incluso, quitarse la falda para salir a la clase de educación física.


Poco a poco, y sin darme cuenta, esa incomodidad me llevó en la búsqueda de un refugio, la ropa masculina. Comencé a vestirme de hombre, a comportarme como uno, y tuvo tan buen resultado que... mi hermano menor se ponía a escondidas mi ropa, mis gorras, mis tenis, mis pantalones cargo, mis camisetas grandes de manga larga, mis camisolas... Los chicos comenzaron a aceptarme como uno de ellos, a dejarme jugar basket, con ellos. Sin que se dieran cuenta, me había convertido en un güey más –tan efectivo era el disfraz que... una de las hermanas de mi padre le dijo a mi mamá que tuviera cuidado porque... En una de esas, resultaba que me gustaban las mujeres *XD–.


Así permanecí a salvo durante la adolescencia, y hasta la edad adulta. Resultan increíbles las razones que nos llevan a dejar de ser nosotros mismos... La necesidad de usar disfraces, de escondernos. Es una realidad afirmar que no nos sentimos seguras o seguros, y así, buscamos la manera de hacernos parte de una sociedad que nos descuida, que nos expone y victimiza.


Ojalá logremos, algún día, un progreso que no tenga que ver con lo económico o tecnológico, un progreso humano, que nos haga mejores personas, o personas realmente conscientes. Urge que dejemos de pensar como máquinas voraces, y comencemos a pensar en lo verdaderamente urgente; un mejor entorno para nosotros, un mejor lugar donde habitar.


¿Que... Cómo recordé al short a cuadros de la infancia? Resulta que hoy, he vuelto a usar short, aunque... Por el momento... Solo sea para estar en casa. Crucemos los dedos, pero además, hagamos los cambios pertinentes para que, un día no muy lejano, dejemos de pedirle a nuestras mujeres que cubran su cuerpo, para protegerlas.


Hasta la próxima... Lakónika.

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