• Lakónika

Mis primeros jeans



Mis primeros pantalones fueron unos "mom jeans" que habían sido de mi madre hacía apenas 13 años. Tenían un deslavado ácido perfecto y un forro con flores rosas en el resorte interno. Estaban intactos... Y eran bellos... Amé esos pantalones, fueron el símbolo de una época en la que la mezclilla, ¡podía durar décadas!


Me los dio al cumplir los trece. Aquellos jeans también simbolizaban conceptos más profundos, que, con los años, comprendería.


Las mujeres comenzamos a usar pantalones en el siglo XIX. El motivo principal, la mujer aprendió a andar en bicicleta, y una prenda, como un short mezclado con falda, facilitaba la maniobra; ya en 1880, usábamos un híbrido entre falda y pantalón para montar a caballo. Sin embargo, hubieron muchas inconformidades por parte de los hombres, la religión y la sociedad en general, que veían algo escandaloso, pues consideraban atrevido que la mujer se comparara con el hombre de tal modo, –incluso en algunas ciudades promulgaron leyes para impedirnos su uso :/–, y fue hasta la Primera Guerra Mundial que, con motivo de la ausencia de los varones, y dado que la vida tenía que seguir moviéndose, comenzamos a portar el pantalón, para poder realizar trabajos que solían ser exclusivos de los caballeros.


No voy a hablar acerca de lo obvia que me resulta la falda o el vestido, en cuanto a lo cómodo que es para el hombre, con lo que respecta a la práctica sexual –aunque confronto la idea innumerables veces– pero, a simple vista, el pantalón es un símbolo de libertad e igualdad –cabe mencionar que, incluso, en aquellos años, algunas mujeres se disfrazaban de hombres, con la finalidad de obtener mejores salarios o trabajar y participar en puestos y actividades que solo ellos realizaban–.


Para mí también lo fue. Mi madre, con esos jeans, no solo me heredó un artículo que se convertiría en mi prenda favorita, –la cuál lavaba más veces a la semana incluso, que mi propio uniforme de secundaria–, sino que, también, aquellos pantalones, me liberaron del vestido, que hasta el momento, había sido casi lo único que yo podía usar, dado que era una niña.


Con ellos, mi madre me daba la bienvenida a otra etapa de mi vida, una donde yo misma, llevaría las riendas de mi futuro –o, cuando menos, lucharía por hacer lo posible–. Porque mi mamá, –como quiero pensar que muchas madres lo hacen–, también me heredó: la lucha, una lucha por ser independiente, por formarme un criterio, por hacerme autónoma. Con su ejemplo, –y con esos pantalones–, ella me inculcó, quizá sin saber el alcance que tendría; la consciencia de desigualdad, y el deseo por romper muchos estereotipos, muchas barreras.


Pasó el tiempo, esos jeans no sobrevivieron a más décadas, sin embargo, siguen representando, para mí, la imagen de una mujer que lucha por su autonomía. Siguen siendo, el ícono, de una mujer que lega su lucha, que no descansa, que no se rinde indolente, que no se acobarda, y que levanta la mirada por un futuro que iguale los derechos de las mujeres y los hombres.


Este es mi homenaje para ti, mamá, y para todas las que, siendo mujeres, heredamos la lucha por la igualdad y los derechos de todos. Que así sea.


Por Lakónika.


10 de mayo 2021.


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