• Costura Transgresora

Perpetúa fe


Elena rezaba todas las mañanas y todas las noches; no hubo un sólo día en que dejara de orar y entablar un diálogo íntimo con Dios. Su poca dosis de felicidad emerge entre su cuerpo, mente y espíritu. Se sentía cobijada por el santísimo, su fe era inmensa pero el cariño de su familia aún más grande.

En algún punto de su cobijo íntimo, Elena empezaba a distorsionar su realidad, parecía que su familia no existía y únicamente se presentara el Sagrado Corazón de Jesús en su mente.

En cada hora del desayuno, comida y cena, Elena trataba de decirle a su hija que en sus sueños se desvanecían los dolores de sus articulaciones, por eso, rezaba todas las noches, así, su salvador no la abandonaría. La hija sin poner atención trataba de omitir la fascinación de su madre por su iglesia.

Su hija no era tan devota de su religión; deducía que tantas oraciones son inservibles y nefastas, llegaba a la conclusión de un absurdo religioso, del círculo absurdo de depositar el milagro de las oraciones con la disminución de los dolores.

Elena una mañana, antes de que su hija saliera al trabajo, le preparó el desayuno y le dijo a su hija que se cuidara mucho, que la amaba, que la perdonara por haber sido una madre que acudía a los gritos y golpes por todo, confundida la muchacha, tomó su portafolio y se fue. Naturalmente su madre se dedicó a estudiar la biblia con más intensidad, iba a todos los rosarios de la comunidad; y ese día en que asistió a uno de los últimos rosarios, a su regreso, se recostó en su cama y entabló un diálogo con Cristo. Entre sus sueños y ese aroma a rosas en su recamara, Cristo su salvador y amigo le dijo a Elena que era momento de tomar su mano; por supuesto que la madre despertó abruptamente, asustada, con escalofríos, sudada y confundida por aquella ilusión pero al mismo tiempo alegre de vivir un sueño enigmático.

Al regresar del trabajo, la hija hostigada, cansada y fastidiada se encerró en su recamara, fumó a lo bastardo y se dispuso a retomar la lectura de unos viejos libros que encontró de niña en el ático de una vieja casa ubicada a unos cuantos kilómetros.

La oscuridad de la noche entró por el ventanal y la muchacha concilió un profundo sueño, a las pocas horas, su madre llamó a su hija para ofrecerle un té, no lo hubiese hecho, pues la joven empezó a insultarla, gritar y maldecir a la virgen llena de gracia que le dio la vida.

Elena se encomendó a su santidad toda la madrugada, encendió un par de velas y rezó implorando y pidiendo, de lágrima en lágrima por el bienestar espiritual de su hija. Mientras los rezos se intensificaban y las velas se consumían, la joven de sueños húmedos una vez cobrado el descanso nocturno, empezó a masturbarse de una forma inusual, para su exquisitez en ese momento concebía sus días sangrientos. Introducía sus dedos plácidamente y después los chupaba, una y otra vez, a meses de abstinencia, su masturbación fue un manjar. Sentía e imaginaba una penetración majestuosa como si el mismo Señor de las tinieblas la estuviese cortejando con sus pezuñas; una analogía entre la excitación espiritual de su vieja madre y la excitación carnal de la joven hija.

Al término de su deseo, lleno de líquidos corporales, gritos privados, gemidos silenciosos e ingles abiertas, la joven sintió un profundo escalofrío, escuchó algunos ruidos extraños, - mamá, ¿eres tú? – como respuesta a su pregunta escuchó a lo lejos una risita muy peculiar. Bajando las escaleras se dirigió a la cocina e inmediatamente su madre con un aspecto melancólico y demacrado… - hija de mi vientre sagrado, criatura celestial, Dios me pide tu salvación, hija de mi vientre sagrado, criatura celestial, dame tu mano, hace rato interrumpí tus sueños celestiales, me arrepentí, pero sólo quería darte amor ante un mal día que tuviste en tu trabajo-.

La joven asqueada por el aroma a rosas vomitó seguido de un intenso dolor de cabeza – ¡madre!, terminaré mi siesta de mierda, deberías hacer lo mismo, tu rostro triste se iguala al rostro de tu salvador, me provocas lástima, desearía que tu sufrimiento termine, sin embargo, tu realidad ya está distorsionada y cagada por una fe sin fin-.

Transcurridos los días, la joven sentía constantemente sus pantaletas mojadas, a todas horas tenía calor e inmensas ganas de tocarse sus labios vaginales en el baño de la oficina, en la bodega e incluso meterse a la oficina del jefe para concebir un acto carnal. Sentía sus senos inflamados, rojos y calientes, pensó que sus 28 años de edad la mujer debe disfrutar su cuerpo y vivir con todos los placeres, para ella, los siete pecados capitales eran su pan de cada día; por las noches la gula se convertía en uno de sus caprichos más excitantes, al grado de darse atracones de vino y pastel y al mismo tiempo masturbarse en su cama. Noche tras noche, día con día la joven se sentía sensual e irresistible por sus caderas, nalgas y pechos suculentos para un hombre casando fastidiado de regresar a casa con su esposa gorda y llena de estrías o irresistible para un hombre soltero en el éxtasis de dinero.

Entre más existían esas noches de masturbación y comida en la cama de la joven, más existían las rosas, los crucifijos, los rosarios y las velas en la sala de su hogar, más y más su madre se perdía en los cantos sacros y en las plegarias.

Una noche, la joven no tuvo que masturbarse pues tuvo sexo con un compañero del trabajo, se fueron a un hotel un viernes después de la hora de comida, bebieron, fumaron y se revolcaron en la habitación.

En el acto sexual, mientras la joven gemía de placer y miraba hacía el espejo que se encontraba en el techo rápidamente, miró una figura extraña reflejarse en el espejo, veía una especie de lengua, lengua de toro morada y carnosa, lejos de desconcentrarse se excitó más la mujercita de caderas anchas y labios carnosos, con más intensidad gemía de placer, rasguñaba la piel de su amante e incitaba al joven a que la ahorcarse. Durante el acto tuvo ligeras distorsiones, el cuarto lentamente giraba y se tornaba color rojo sangre, entre sus alucinaciones veía una nube de humo salir de entre la puerta y por debajo de su cama. Además de la distorsión y la alucinación de la lengua, escuchaba la voz de su madre, al escucharla, la joven sintió una serie de escalofríos, los dedos de sus manos se entumecían y congelaban, escuchó lucidamente aquella voz maldiciéndola; le decía una y otra vez que es una puta, hija del mismo Barbatos, escuchaba risitas, sentía como su cuello se torcía, un aliento muy cerca de sus oídos le producía miedo.

En su alucinación cerraba y abría sus ojos, se excitaba y se atemorizaba, de pronto, como si nada hubiese pasado, encendió un cigarro, confundida se vistió y le dijo a su compañía sexual que lo veía el lunes en el trabajo. Al llegar a su casa, su madre con los ojos rojos y su cabello enmarañado bajaba lentamente las escaleras quejándose terroríficamente, sus gritos rechinaban en los oídos de la joven, sentía un taladrar y nuevamente comenzaba a tener distorsiones y alucinaciones, miró a su madre borrosamente; entre su mareo y los gritos grotescos de la vieja, miraba por segunda vez esa lengua morada y carnosa salir de la quijada de su madre, el ser paranormal, extraño y horroroso se acercaba a la joven jadeando con una viscosa baba, entre más se acercaba, más se intensificaba el mareo y las alucinaciones.

Al despertar, la vieja se encontraba muerta en medio de la sala con las velas prendidas, con sangre en su boca, los ojos volteados, la piel pálida y fría, sus pies y manos fracturados. Ante el horror de ver a su madre muerta la joven entró en pánico, tratando de privar su libertad tomó un cuchillo, cerró ventanas y puertas, dejó el gas salirse de la estufa, e intentaba realizar actos que irrumpieran su desdichada presencia.

Momentos después de tranquilizar su mente, llamó a la ambulancia, la policía; partieron hacía el hospital. Caída la madrugada, el cuerpo de la madre se encontraba en la morgue, firmado los documentos oficiales, la joven esperó en la sala de estar a que terminaran de hacer cenizas el cuerpo.

Estando limpiando la sangre, encontró una nota…

Maldita Sara:

Abriste los portales del inframundo, saciaste la sed de Barbatos y alimentaste a Mefistófeles a partir de tu aberración por las oraciones de tu nefasta Madre. La delicia de tus masturbaciones abrió el portal de las tinieblas y de la seducción.

Las mujeres deseosas de un hombre, deseosas de placeres carnales son la carnada perfecta; tu madre santa, virgen esposa del Rey, colapsó al saber que eras una hija de la oscuridad. Tus piernas abiertas al ser penetradas por tu primer acto sexual hizo que se cumpliera el pacto que hace mucho tu madre hizo con Mefistófeles.

Al ser tú, una criatura de la vida de cabaret, de la vida de puta de tu Madre y al saber que venías en camino, tu madre le juró al Rey de las tinieblas que jamás te convertirías en lo que ahora eres, juró que serías hija del cielo celestial, por fortuna y gracias a tu asco por la fe, la muerte le cobró la vida y la asquerosa alma de tu madre.


Por: Sonny Mariel Sandoval Hernández (Costura Transgresora)

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