Nostalgia


Por: Nico Jaula
A sus casi cuarenta años, sentía la necesidad de reír ruidosamente en público sin sentir pena. De que en su cuerpo, naturalmente más joven, habitara esa rebeldía inocente que lo hacía creer que podía ser boxeador, director de cine y activista político al mismo tiempo. Anhelaba que su manera de vestir fuera su propia moda, y no una maniquí sin rostro que cambia según la ocasión: casual, formal o sport.
Deseaba ser pretencioso bajo el manto de la inexperiencia y la ingenuidad. Quería que sus vínculos sociales se basaran en la pasión y el idealismo, y no en la frialdad de los colores de oficina ni en las emociones contenidas de la desconfianza.
Le urgía abrazar su falta de vergüenza: la que lo hacía leer apretujado y cansado en el metro, la que lo llevaba a discutir de política en las fiestas, la que le devolvía el nerviosismo y la adrenalina ante las cosas más simples de la vida: tener una cita, caminar solo de madrugada, reprobar una materia, escuchar un nuevo disco o no llegar a casa a tiempo.




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