Todos somos Theo Faron
- Cámara rota

- hace 6 días
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Por: Alejandro Sánchez Campo
Al momento de pensar en futuros distópicos, los ejemplos más comunes que se mencionan son, en el caso de los libros, la dictadura totalitaria de 1984, la falsa utopía hedonista de Un Mundo Feliz o la sociedad antiintelectual de Fahrenheit 451. En películas tenemos a la realidad simulada de Matrix, el tecnocapitalismo de Ghost in the Shell y Akira o el mundo dividido de Elysium. Todas ellas nos ofrecen visiones interesantes tanto del futuro como... ¿de la actualidad?
Recientemente, gracias a videos de tops y posts del tipo “películas para cinéfilos”, me topé con una película que algún lector ya habrá visto, pero para quien no, lo invito a disfrutarla con una buena cantidad de papitas: “Los niños del hombre”, dirigida por Alfonso Cuarón, es una película del 2006 basada en el libro homónimo de la escritora P. D. James, que nos muestra un futuro (demasiado cercano) ambientado en Inglaterra en el año 2027.
La población mundial ha dejado de tener hijos por razones desconocidas. El gobierno controla todo y busca erradicar la migración. En esta historia seguimos al protagonista Theo Faron (en español la pronunciación es chistosa, pues parece que lo llaman “Tío”), un trabajador del gobierno que muestra apatía y desilusión constantes ante una sociedad decadente. Durante una conversación con su amigo Jasper, resume perfectamente su vida: “Despertar, sentirme mierda, ir a trabajar, sentirme mierda…”. Más allá de la historia principal, hay varias similitudes y comparaciones que he encontrado, y puede que te resulten muy familiares.
La natalidad.
Como se mencionó antes, en la película la falta de natalidad se debe a un aspecto biológico de origen desconocido. Pero en la actualidad no se requiere eso, la barrera no es física, es invisible. La realidad es que muchas veces no es que no quieran tener hijos, sino que no pueden por razones similares a las de la película: pobreza, crisis constantes, tensiones sociales y desesperanza. Tan solo para vivir de manera decente en Ciudad de México (en otras entidades puede variar), una persona necesita percibir alrededor de 20,000 a 30,000 pesos al mes, los gastos de un hijo pueden rondar los 15,000 al mes y los salarios promedio no superan los 10,000 pesos mensuales. Pero tranquilo, que tu tía la religiosa panista dice que es porque los jóvenes ya no quieren tener compromisos serios.
Políticas antimigratorias.
En la cinta se nos presenta que el país se rige bajo un estado totalitario, bombardeando constantemente a los ciudadanos con propaganda que ayuda a identificar migrantes y reportarlos a las autoridades para su captura. Ayudarlos es un delito. Se les lleva a lugares como Bexhill, donde los encierran en jaulas y son violentados o asesinados por los militares. ¿Te suena?
El nuevo lujo.
La cabaña de Jasper es el epicentro de la melancolía y uno de los pocos lugares felices que existen en medio del caos. Vive en un bosque tranquilo junto a su esposa Janice, sin prisa, cultivando su propia marihuana, escuchando su música y revisando fotos viejas que le recuerdan un mundo mejor.
Hoy el sueño ya no es vivir en el departamento más exclusivo de Polanco o en la casa más cara de Las Lomas; el deseo generalizado es la privacidad, la tranquilidad y la vida lenta de Valle de Bravo o Tepoztlán. Antes el sueño era estar en la cima del sistema, hoy es depender lo menos posible de él.
Una sociedad dopada.
Theo, Jasper, Janice, los soldados y prácticamente todos los personajes buscan estar distraídos y dopados con lo que sea: cigarros, whisky, marihuana, música, televisión, etc. Un ejemplo curioso se revela en el propio hijo de Nigel, el primo rico de Theo, pues Nigel lo regaña por estar distraído con un videojuego. Además, mucha de la gente de fondo aparece absorta en pantallas. Dato curioso: un año después del estreno de la película se lanzaría el iPhone, el primero de los smartphones tal y como los conocemos.
La inacción generalizada.
A pesar de que la película plantea que a la humanidad prácticamente no le quedan más de 50 años antes de extinguirse por completo, en la película nunca se muestra una urgencia colectiva, al estilo de Titanes del Pacífico, donde los gobiernos del mundo se unen para vencer a los kaijus. No, aquí se menciona que la pequeña esperanza radica en una organización aislada llamada "El Proyecto Humano", que busca una cura para la infertilidad mundial. No se sabe del todo si realmente existen; sin embargo, es el motor de toda la historia, la creencia de que, en algún sitio, aún hay una oportunidad de vivir.
Todos somos Theo.
Partidos políticos, organizaciones y movimientos, todos dicen tener la solución, pero muchas veces solo quieren aprovecharse de problemas reales para sacar provecho: la alteración del clima, la falta de vivienda o una incierta guerra mundial. Todos somos conscientes de los problemas que hay, pero nos es difícil tomar acciones concretas. No necesariamente porque seamos "tibios", sino porque no vivimos pensando en el futuro lejano, porque estamos pensando si hoy viviremos otro día, y quienes tienen el poder prefieren estar en una frágil burbuja de placer, ignorando cómo vive el de al lado suyo.
Todos somos Theo: en momentos, esperanzados por un mundo mejor, pero la mayoría del tiempo apáticos o distraídos. Esperando a ver si algún día llega alguien en un barco llamado "Tomorrow" a rescatarnos.
Esta película me fascinó, y lo mostrado aquí no es ni la mitad de los diversos puntos que aborda esta gran obra. La recomiendo sobre todo para quienes disfrutan las obras con reflexión, acción y misterio.




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