La crónica
- Cámara rota

- hace 13 horas
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Por: Carlos Iconoclasta
Un sábado cualquiera decidí visitar el Chopo, ese mercado en las entrañas de la Alcaldía Cuauhtémoc. Por años, este espacio ha sido el refugio de la banda y el epicentro de melómanos que aún practican el rito del intercambio. Es, además, el sitio ideal para conseguir la “armadura” perfecta: la playera de la banda X más maldita o subterránea.
El entorno ha cambiado de forma abrumadora. La Alcaldía ha abierto "oportunidades" a comerciantes ajenos al rock o a la cultura subterránea, transformando la esencia del Chopo y de lo que fue en sus orígenes. Bajo este nuevo panorama, el concepto ha mutado: pasamos de un mercado alternativo a uno de carácter meramente comercial, donde lo cultural se equilibra peligrosamente sobre la delgada línea de la plusvalía.
Me sorprendió ver la cantidad de negocios de ropa, ventas de libros, artículos de dudosa acreditación, comida… E incluso a unos tipos en la entrada ofreciendo: “¡Mota… hay mota, mota de la chingona, de la que no es panteonera, banda… ¡A 50 el toque!”, todo esto ante la gleba, el populacho o la leperuza que asiste al mercado más “under” de la ciudad.
En este panorama, recordé un escrito de Carlos Monsiváis que, ante la vista de la decadencia de la ciudad contemporánea, se admira: “¿Cómo una ciudad que en un inicio fue pletórica y hermosa, hoy en día está formada por achique y caca?”. Esto mismo ha pasado con este mercado: ahora está compuesto de algo que no es su esencia misma.
El espacio anarcopunk
Al fondo del tianguis resiste un pequeño espacio, históricamente despreciado por los locatarios. Los punks que lo habitan no son parte del gremio oficial; no obstante, su tenacidad ha logrado que el rincón sea hoy reconocido, aunque siempre bajo la sombra de lo que no es “políticamente correcto”. En este espacio, como una fauna nocturna, se encuentran punks y anarquistas que venden su mercancía: libros de Malatesta o Noam Chomsky, textos sobre la vida alterna del veganismo, playeras y parches realizados con la arcaica técnica de la serigrafía, además de música, cassettes y discos. En uno de estos puestos reconozco a Luis Cruz (Criptas), un mecenas de la música punk. El sello Criptas es un referente musical actual para el punk, el hardcore y el grind. Sabía que no podía perder la oportunidad de pedirle su opinión personal sobre lo que es hoy el Chopo, pues él ha estado siempre al frente de este espacio y seguro tendría una visión más objetiva del cambio del cual hablo.
Una plática en medio de música
Iconoclasta: Víctor, antes que nada, gracias por tus palabras. Tenía tiempo de no venir aquí y veo que esto ha cambiado bastante; no es lo que esperaba, ahora todo está envuelto en un ambiente muy comercial. Quisiera preguntarte: ¿tú cómo has visto estos cambios?
Criptas: Bueno, esto ha cambiado por varias cuestiones; se han diversificado muchas cosas. Como dices, ya es más comercial, pero en este espacio (anarcopunk) tratamos de mantenerlo lo más autónomo posible de lo que sucede en el entorno. Somos parte del Chopo, pero manejamos nuestra autonomía. En cuanto a lo comercial, por más que uno trate de evitarlo, al final te absorbe; el comercio se ha extendido hasta las líneas del Suburbano, algo que se intentó evitar por muchos años. Hay límites en el Chopo que mucha gente no conoce: el tianguis termina antes de llegar al Centro Artesanal; después de ahí ya es vía pública y no se considera "el Chopo". Toda la gente que está del Centro Artesanal hacia el Eje son personas que tienen otros acuerdos. Mucha gente piensa que es lo mismo, ¡pero claro que no! No es lo mismo el Chopo que nació de un medio ambulante detrás del museo y salió a las calles por acuerdos con las administraciones, hasta el peregrinaje que vivió para llegar aquí. Son circunstancias diferentes y todo ha cambiado, para bien o para mal… Y esto va a seguir cambiando.
Iconoclasta: Creo que el cambio, en cierta forma, también ha sido productivo para ustedes. Mucha más gente conoce sus productos; por ejemplo, el sello Criptas, que con este avance puede dar a conocer tanto sus cassettes como tu fanzine. Esto podría ayudarte a salir del underground, si es que así lo deseas.
Criptas: Bueno, entiendo esa parte de "romper el gueto", pero que haya más gente no significa necesariamente que tengas más ventas. Por ejemplo, mi sello y muchos otros se vieron afectados por las plataformas; es lo que mencionaba sobre la masificación: ahora puedes descargar muchísimas canciones. Está el tema de las broncas que algunas bandas han tenido con Spotify, porque les abren la plataforma, pero no les pagan lo que corresponde. A lo que voy es que el hecho de que más gente te conozca no se traduce automáticamente en rentabilidad. Al final, la propuesta que manejes hará que vendas o no. El fanzine, a pesar de los años, sigue existiendo más por "aferre" y amor que por negocio. La tecnología no es mala, sino el mal uso que se le da.
Iconoclasta: Mira, te comento algo: hice unas reseñas sobre la banda peruana Narcosis. La banda ya no existe y uno de sus miembros toca ahora en Mar de Copas, que es un grupo totalmente comercial en Perú, nada que ver con Narcosis. Yo tengo el cassette con portada en fotocopias y ese ya no existe físicamente, pero ahora hay una versión digital en Spotify. Lo curioso es que la portada en la plataforma es la misma del cassette; conserva ese toque de antaño de ser una “fotocopia”. Es raro que una banda que trascendió fronteras con la bandera del under sea ahora absorbida por el streaming.
Criptas: Esa parte de lo comercial es muy polémica; por ejemplo, con Evaristo o con Noi del Sucre son temas delicados, casi “tabúes”. El punto es que bandas que iniciaron siendo grupos antisistema, anticapitalistas o… anti algo, aprovechan una oportunidad para ser conocidos y muchos se convierten en algo que no querían ser. La tecnología ha ayudado mucho; por ejemplo, el guitarrista de Aterciopelados tocaba en La Pestilencia, o grupos como Sepultura, que mira hasta dónde han llegado. La masificación del movimiento hace que hoy sea más fácil llegar a la gente.
Iconoclasta: Aprovechando que mencionas esto: tú como sello independiente, ¿no has pensado en explotar esta tecnología que está al alcance de todos, como Spotify u otras plataformas?
Criptas: Me lo han propuesto, pero no estoy interesado; mi ética personal no me lo permite. Yo no soy el dueño de las bandas y tenemos un trato con ellas; ellos confiaron en mí. Una vez, un sello de Mineápolis quiso comprar todo mi catálogo y dije que no. Tendría que tratarlo con cada grupo para saber si les interesa, porque yo no soy su dueño. Se sacaron de onda. Al final, ese sello contactó a algunos grupos; algunos aceptaron y otros hasta demandaron. Me preguntaron "¿qué onda con esto?", pero yo les enseñé las capturas de pantalla donde solo pasaba los contactos y aclaraba que debían hablar con los músicos. No me gusta aprovecharme de la buena fe de las bandas; dejo que cada grupo decida. Tengo bandas de aquí y de otros lados; por ejemplo, Electroduendes. Aunque ya no existen, siguen vendiendo. Me han llegado propuestas de gente que quiere subir su música y cobrar por las descargas, y mi respuesta siempre es: "Ahí está la dirección de Alejo, él es el dueño". Ellos confían en mí y no los voy a defraudar. Me pasa lo mismo con Los Crudos o Huasipungo, grupos por los que aposté en su momento y se hicieron famosos. Los Crudos se volvieron virales cuando el vocalista de Rage Against the Machine salió con una playera de ellos; si ya eran conocidos, eso los explotó más, pero son cosas inevitables. Al final, la polémica de si "te vendes" o no siempre ha existido, pero para mí es un tema trillado. Cada quien es dueño de dirigir su música. El punk no siempre tiene que estar mal hecho, mal escrito o vivir en la miseria; esos son estereotipos. Por ejemplo, a mí no me gustan Noi del Sucre o Los Muertos de Cristo, pero no por eso demerito su trabajo. Con el punk de los 80, no había una infraestructura y hasta la fecha, las mismas bandas se deben autoproducir, pero la comercialización ha creado un nuevo panorama que ha afectado incluso hoy en día.
En esta parte de la charla, se acerca un conocido de Criptas y le comenta sobre unos intercambios. Como buen socio, él acepta revisar su material y checar si trae algo que valga la pena; aunado a esto, la música de fondo hace más difícil la interacción, pues mi grabadora de mano no es de buena calidad.
Doy una vuelta por el espacio y pido permiso para tomar unas fotos, pero la misma gente de ahí se muestra un poco molesta; no quieren fotos. Aún existe cierto recelo por mantener este espacio dentro de la autonomía y, como me comentaban, no saben cuál es la intención de la gente que busca hacer entrevistas o sacar fotos.
Desde la visión de este pequeño escritor, todo ha cambiado. La diferencia con otros cambios que vivieron, tal vez, nuestros padres, es que estos nuevos cambios se han dado en un tiempo muy corto; han sucedido frente a nuestras narices sin que nos diéramos cuenta. Los cambios son abruptos y sin misericordia. Esto mismo creará nuevos fenómenos, como seguir viendo bandas de punk en plataformas de streaming y, como sentencia Criptas: “Es un fenómeno de la masificación”. Y todo ha cambiado, para bien o para mal… Y esto va a seguir cambiando.




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