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El diálogo interior del universo de Harry Potter: la intertextualidad en un universo imaginario

  • Foto del escritor: Diana Brubeck
    Diana Brubeck
  • hace 10 minutos
  • 7 min de lectura

Por: Diana Brubeck


  1. La fantasía


A lo largo de siglos de desarrollo y evolución en herramientas, temáticas y géneros, cada cultura llega a tener a sus más grandes exponentes y, en pleno siglo XXI se puede ver un fenómeno particular de diálogo entre obras literarias, llamada “intertextualidad”, término definido por la RAE como “Relación que un texto establece con otro u otros mediante procedimientos variados”. 


Esta relación ha dado pie a estudios de interrelaciones tanto en la narrativa, como en textos académicos, e incluso poesía y música. Este fenómeno no es solo abordado por los estudios de la Teoría Literaria, sino también por la lengua, la comunicación y la historia, ya que el conjunto de textos que se relacionan dentro de una obra permite una mejor comprensión del discurso, independientemente de su naturaleza. Se crea así una red que proporciona un contexto mayor de la obra y al mismo tiempo la enriquece.


Esta idea de la intertextualidad fue concebida primero como polifonía en las novelas de Rabelais, Swift y Dostoyevski por el filólogo Miajíl Bajtín, sin embargo, el término fue acuñado en 1969 por Julia Kristeva. No obstante, Bajtín en su momento comenzó con las reflexiones de cómo los textos y distintos géneros literarios poseen un carácter dialógico y se conectan entre sí. 


Ahora bien, la literatura cuenta con una amplia clasificación de géneros literarios y narrativos, estrechamente entrelazados entre sí. Uno de los géneros literarios por excelencia, tanto en prosa como en lírica, es sin duda alguna la fantasía. Esto queda en claro desde historias de fantasía épica, como algunos Cantares de gesta, donde la magia y las criaturas fuera de lo comunes son elementos de fuerte importancia en la historia del inicio de los pueblos, del mismo modo en que ocurre en la mitología que cada civilización desarrolló para explicar su mundo.


Si bien la definición exacta de qué es el género fantástico puede parecer confusa en sus primeros intentos, es preciso destacar que hay un elemento siempre presente que permite la ramificación de otros subgéneros literarios: lo insólito gracias a la magia. De esta manera, han surgido obras de gran importancia como La historia sin fin de Michael Ende, Eragon de Christopher Paolini, El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien y todavía en el siglo XXI prevalece con títulos como Crónica del asesino de reyes de Patrick Rothfuss, Las memorias del Águila y el Jaguar de Isabel Allende y, una de las sagas que marcó a más de una generación completa no solo con sus libros, sino también con sus adaptaciones cinematográficas: Harry Potter de J. K. Rowling.



  1. El universo de Harry Potter


De la famosa heptalogía literaria Harry Potter (1997-2007), se ha desprendido más material tanto literario como cinematográfico, e incluso una secuela adaptada al teatro, y videojuegos oficiales adaptados a diferentes consolas y dispositivos. 


La historia sigue a Harry a través de sus años de adolescencia, donde se descubre a sí mismo, pero también a un mundo que antes estaba fuera de su alcance.  Sin duda alguna, el mundo mágico que rodea a Harry, posee una riqueza que ha permitido seguir creciendo en su línea temporal, ya que, en más de una ocasión, este universo se enriquece con títulos de otras obras de diferentes géneros y temas que son parte de la historia y cultura de la denominada comunidad mágica de Gran Bretaña. Se trata pues, de una comunidad que tiene su historia, cultura, costumbres, palabras, gastronomía y vestimenta particular y, por lo tanto, su propia literatura.


De acuerdo con la RAE, la literatura es el “conjunto de las producciones literarias de una nación, de una época o de un género”, y no es de extrañar que, en la década de publicación de las obras y los diecinueve años posteriores, exista una larga lista de revistas, diccionarios, enciclopedias, periódicos y libros que superan los 380 títulos mencionados en los libros, videojuegos y películas tanto de Harry Potter, como de la precuela Animales fantásticos y dónde encontrarlos, (mismo título de uno de los libros más mencionados en los libros de la saga original).


Este extenso listado incluye menciones de libros de autores como Byron, Conan Doyle o Jane Austen (a quienes nombra como parte de la comunidad mágica, o reconoce como parte de la ambientación que toma lugar de manera paralela con el mundo real de la década de los 90), estableciendo así una relación clásica de diálogo entre libros y autores; sin embargo, existe también un fenómeno de intertextualidad al momento en que los personajes entran en contacto con su literatura. La historia del libro nos lleva a otros libros, narrando así también en otro nivel narrativo.



  1. Los niveles narrativos en la obra de Harry Potter


Dentro de los estudios de narratología, fuertemente desarrollados gracias al estructuralismo lingüístico, se desarrolló la clasificación de “voz” o nivel narrativo, propuesto por Gerard Genette como una de las categorías centrales para el análisis narrativo. Así pues, la voz «refiere al acto narrativo, al narrador y lo narrado. Se establecen combinaciones entre “el tiempo del relato” y el “tiempo narrado”, y el tiempo en el que pueden acontecer los sucesos» (Eagleton, 1988).


De esta forma, Genette realiza la siguiente división de los niveles narrativos:


  • Extradiegético: narra el relato marco.

  • Diegético o intradiegético: incluye los acontecimientos de la historia misma.

  • Metadiegético: incluye los acontecimientos del relato segundo.


Ahí donde las aventuras de Harry Potter y sus amigos toman lugar, se da pie a una de las relaciones intertextuales más importantes, que vendría a ser la que establece Hermione Granger con el libro Los cuentos de Beedle el bardo,  acudiendo también al recurso literario de la metaficción. 


Publicado en 2008 por la editorial Bloomsburry Publishing, y posteriormente traducido al español por Editorial Salamandra, Los cuentos de Beedle el Bardo se presenta ya como una traducción de la versión rúnica por parte del personaje Hermione Granger, que trabajó del libro recibido por el director Albus Dumbledore, cuyo autor original aparentemente es el personaje canónico de la historia del siglo XV del Mundo Mágico (como lo llama la autora), Beedle el Bardo.


En esta compilación de cinco cuentos infantiles, existe una introducción al libro, escrita por la misma J. K. Rowling, quien se incrusta a sí misma como una autora más de la literatura del Mundo Mágico, hablando de los cuentos y los personajes como quien hablaría de los cuentos de los hermanos Grimm:


«Para muchos alumnos de Hogwarts, “El cazo saltarín” y “La fuente de la buena fortuna” son tan familiares como “La Cenicienta” y “La Bella Durmiente” para los niños muggles (no mágicos)».


Los cuentos que pertenecen a este libro son los siguientes:


  1. “El mago y el cazo saltarín”

  2. “La fuente de la buena fortuna”

  3. “El corazón peludo del brujo”

  4. “Babbity Rabbitty y su cepa carcajeante”

  5. “La fábula de los tres hermanos”



  1. La intertextualidad con Los cuentos de Beedle el bardo


Ahora bien, retomando cómo el libro hace referencia a su propia literatura en obras de fantasía o ficción, el texto sobre el que recae mayor peso es La fábula de los tres hermanos, la cual se menciona en el séptimo libro de la saga y ayuda a explicar su título.


El cuento relata la historia de los hermanos Peverell, quienes se encuentran con la Muerte y les entrega una recompensa a cada uno, tras cruzar un peligroso río sin perder la vida. Estos objetos son llamados “las reliquias de la Muerte”, y son la varita mágica más poderosa de todas, una piedra para resucitar a los muertos y una capa de invisibilidad. Con estos objetos, los hermanos siguen su camino, pero la Muerte vuelve a encontrarlos salvo al hermano menor, quien la recibe de viejo “como si fuera una vieja amiga” (Rowling, 2008).


Más allá del contenido individual de cada cuento, estos cinco cuentos infantiles se vuelven parte del conocimiento de todo mago o bruja que haya nacido dentro de la comunidad mágica, y esto nos lleva a reflexionar en la riqueza que un nuevo nivel narrativo puede proporcionarle a una obra literaria, brindando también una mayor sensación de realidad al reforzar la idea de una cultura tan viva en historia y cultura como cualquiera de la vida real; personajes como Ron Weasley reconoce los cuentos como parte de su infancia (Rowling, 2008), y es la lectura de este libro y en particular de este cuento, lo que permite la resolución del conflicto más grande al que el trío de protagonistas se habían enfrentado hasta el momento.


Además otra instancia de esta intertextualidad se presenta en el final del libro, pues existe un capítulo final llamado “Notas de Albus Dumbledore sobre «La fábula de los tres hermanos»”, donde no solo solo reflexiona sobre la moraleja y comenta el significado de los símbolos presentados como las famosas reliquias, sino que sigue mencionando su relación con otros personajes de la historia del Mundo Mágico y cita a estos mismos autores, como quien cita a cualquier otro autor: «Godelot hizo avanzar el estudio de la magia oscura redactando una colección de peligros hechizos con la ayuda de una poderosa varita que él mismo describía en sus notas como “mi más perversa y sutil amiga, con cuerpo de sáyugo, experta en la magia más maléfica” […]», cita que se explica como parte de la obra “Historia del mal” (Rowling, 2008).


A pesa de todo, es evidente que Rowling no es la primera en jugar con los niveles narrativos, el ejemplo más claro de esto es “Las mil y una noches” como una clara muestra de los niveles narrativos, e incluso se debe mencionar el trabajo de J. R. R. Tolkien y su intertextualidad con los cuentos de “El silmarilión”, que forman parte de su vasto universo e incluso lo lleva a otro nivel gracias a que su obra cuenta con sus propios lenguajes, como el élfico y sus variantes, que demuestra otra instancia de intertextualidad de metaficción.


El diálogo en la obra, con la obra misma, existe de manera clara en la obra de Rowling, entretegiéndose más allá de los libros, fenómeno que da mayor fuerza a la realidad ficticia del Mundo Mágico que los lectores adoran.




BIBLIOGRAFÍA


Bajtín, M. (1989): Teoría y estética de la novela . Madrid: Taurus.

Eagleton, T. (1988): Una introducción a la teoría literaria, Fondo de Cultura Económica: México, D.F.

García Landa, J. A. (1998): Acción, relato, discurso. Estructura de la ficción narrativa. 

Rowling, J. K. (2007): Harry Potter y las Reliquias de la Muerte. Editorial Salamandra. 

Rowling, J. K. (2008): Los cuentos de Beedle el Bardo. Editorial Salamandra. 




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