Tratado sobre la saciedad

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Por: Francisco Noriega Ortega
Acto I
Qué triste se pone el hombre
cuando se descubre ausente,
buscando el sitio
donde se marchita el olvido.
Somos media piel,
media carne,
media sangre.
Guardamos silencio.
Acto II
Sonata de invierno.
Encierro el tiempo.
El corazón tiene un número contado de latidos;
percibe las flores
que jamás van a florecer.
El frío es misericordioso:
adormece la herida.
Caes de rodillas ante un dios,
mientras yo habito la melancolía
al susurro de su voz.
Acto III
A veces quisiera ser un cigarro
para morir en los labios.
Háblame de amor,
que devoraré hasta las migajas.
¿Las flores son para mí?
Las reciben los muertos,
cuando se quedan en mis manos.
¿Y los amantes?




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