Epitafio de un proyecto literario
- Cámara rota

- hace 4 horas
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Por: Carlos Iconoclasta
Una música cacofónica retumba de fondo: son los Desviados y su punk exacerbado. Tengo el cassette entre las manos. Su portada es un pedazo de papel barato sacado de una copiadora con la tinta ya gastada por los años. El cassette en sí está personalizado con barniz de uñas negro, pintarrajeado con el símbolo de la anarquía y la cruz de los viejos Crass. Detalles de nostalgia, de esos tiempos arcaicos donde ser punk era ser un proscrito… Frente a mí observo un muro con una pequeña colección de cassettes y dos acetatos; el muro está tapizado con propagandas de viejos conciertos: Sin Dios, Elektroduendes, The Exploited, etc., vestigios de un pasado aún latente, porque los viejos punks aman el pasado y viven en el viejo formato.
(***)
—¿Cómo llegaste tú al punk?, ¿quién te jaló? —pregunto a un amigo que se encuentra luchando consigo mismo por pararse los pelos.
Se coloca entre los dedos grenetina ya un poco fría y la esparce poco a poco sobre su cabello pintado con acuarela concentrada de color azul. Con la ayuda de la secadora y en actos malabarísticos, iba secando el cabello, creando unas puntas perfectas que desafiaban la gravedad.
—Bueno, a mi hermano más grande le gustaba mucho el rock, ¡la mala influencia de los carnales! Después, con un amigo me empecé a ir a tocadas de rock; ahí escuchábamos punk rock… En esos años escuché al Síndrome, fue el que más o menos me llamó la atención. ¡El Síndrome de ese entonces era la neta! Ahora ya es un viejo, "el padre padrino de los punks" le dicen. Por ese entonces conocí el Chopo; allí conectaba cintas: el Meli, Xenofobia, Masacre 68, hojeaba fanzines… Te estoy hablando de hace más de 20 años. Con el paso del tiempo me hice mi moica y me empecé a explotar la greña, conocí a gente bien verga, conocí algunas campañas, algunas jornadas, había marchas. Ahí justo conocí música nueva y gente nueva. Era otro ritmo al que empezaba a escuchar, más allá del Síndrome o de los Yaps, porque son los primeros grupos que vi en vivo y escuché… ¡Yo no crecí con la música y yo digo que crecimos con el ruido, no con la música! —me comenta mientras continúa esparciendo grenetina.
Le pregunto acerca de las drogas, del viejo eslogan de "vive rápido y muere joven", y con una risa, colocando su mano cerrada sobre su nariz, me dice:
—Sí, aquí andamos… viejos pero contentos.
La pantomima hace referencia al hecho de inhalar solventes.
—¿Recuerdas una buena tocada?
Le pregunto en parte porque puedo ver las propagandas que están pegadas en un muro de su cuarto como un adorno, como quien tuviera el fetiche de colgar viejos calendarios de mujeres en bikini.
—El portazo en la tocada de Eskorbuto. Esa estuvo buena, ahí fui solo… Llegué con unos compitas que encontré en el camino. Esa tocada cambió de lugar dos veces, andábamos perdidos, no sabíamos bien dónde sería y llegamos como pudimos. Cuando por fin caímos, ya estaban tocando unas bandas. Empezamos a talonear ahí mismo. Yo ahí encontré a varios conocidos y sí me hacían el paro con un cambio, pero al final ya ni hizo falta. Entré en el portazo; todo empezó cuando comenzaron a aventar envases a la entrada, se armaron los puntazos con los de seguridad y, para acabarla de chingar, la banda empezó a empujar en la entrada, se armó el portazo en chinga. Mucha banda quería entrar. No recuerdo cuánto costaba la entrada… ¿3000 pesos? No sé. El pedo fue que cuando entramos, un skin se quiso amachinar con una morrita y la banda le partió su madre; y como yo me acerqué a ver cómo estaba la chava, pensaron que venía con ella. Por el puro paro me dieron la bomber —la chamarra— del skin que habían madreado y me aventé toda la tocada de Eskorbuto con una morrita ¡y pensar que había llegado solo!
Su relato aborda otras tocadas emblemáticas, como aquella de Total Chaos, donde la intervención policial se hizo presente… toletazos, patadas y abusos de autoridad. Las patrullas con sus ensordecedoras sirenas, el robo de chamarras y botas por los mismos policías que eran parte de la redada. Decían: "Esas botas sí me quedan… están chidas pa'l colado". Aunado a la humillación por parte de la autoridad.
Mi entrevista continúa, pero esta se comienza a tornar en una charla, en una plática al lado de una cerveza. Escucho el relato y me sorprende esa época, como si hubieran pasado siglos. La plática grabada continúa por mucho tiempo. Me comenta que los tiempos han cambiado, que antes no podías salir a la calle siendo rocker con unos tenis nuevos pues los policías te paraban y te pegaban con sus toletes; pensaban que los habías robado. Incluso, algunos "monos" cargaban tijeras y te cortaban el cabello en la calle: "¡Te daban una patada y te decían: '¡Ándale, lárguese a buscar trabajo, pinche mugroso, le cortamos el cabello para que no ande espantando con sus fachas!'", seguido de un toletazo en las costillas si aún tenías los huevos de decirles algo. (…)
(…)
Hace tiempo leí Activismo y periodismo metalero, de Alexis Cuzme, y me sorprendió la inmensa carga cultural de las mal llamadas tribus urbanas. Esas historias están ahí, pero hay que escucharlas. Por eso empecé a escribir sobre punk, pero no sobre su música, sino por el testimonio vivo que ha dejado a su paso: el abuso de autoridad, la hipocresía de la gente e incluso la indiferencia de las instituciones. Pensé que si alguien no crea un "cascajo literario" de esto, estas historias terminarán perdiéndose en el tiempo.
Planté la idea a varios conocidos, pero nadie quiso jalar. En ese momento sentí que mi proyecto de ser escritor quedaba sepultado bajo su negativa. Así que esta pequeña grabación y otras tantas quedaron arrumbadas, como el simple testigo de mi intento por documentar las vivencias de algunos punks de la CDMX. Yo viví las mías, es cierto, pero siempre pensé que no eran tan interesantes como las de los demás. Hoy me doy cuenta de que cada voz en este puto mundo cuenta y que ser escritor va más allá de escribir por matar el tiempo; por eso mis historias tocan este lado agreste de las juventudes, de aquellos que brotan entre la homogeneidad.
Periodismo y activismo metalero.




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