La rara avis del underground
- Cámara rota

- hace 2 días
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Por: Carlos Iconoclasta
«...Muchos de esos pepillos vagos, hijos de burgueses, andan por ahí con unos pantaloncitos demasiado estrechos, algunos de ellos con una guitarrita en actitudes “elvispreslianas” (...) y que han llevado su libertinaje a extremos de querer ir a algunos sitios de concurrencia pública a organizar sus shows feminoides por la libre».
Fidel Castro, Discurso en la Escalinata de la Universidad de La Habana, 13 de marzo de 1963.
El término friki tiene una connotación de desprecio en Cuba; esta es una etiqueta peyorativa diseñada para englobar a los rockeros, metaleros y rebeldes que habitaban los márgenes urbanos de la isla. Estos jóvenes ya habían sido contagiados por el virus de la contracultura que sacudía al mundo secular. Así, mientras el Estado cubano consolidaba su discurso nacionalista y antiimperialista, su propia juventud devoraba en la clandestinidad la estética y la actitud contestataria de finales de los sesenta. Sintonizando señales de radio de onda corta que viajaban desde Miami, los jóvenes cubanos descubrieron a los Rolling Stones, Led Zeppelin y Black Sabbath, entre otros referentes de la época. Lo hacían a oscuras y en la ilegalidad, ya que el régimen consideraba a esa música como el arma de penetración cultural más peligrosa del "monstruo ideológico yanqui", que iba en contra de los ideales revolucionarios.
A finales de los años ochenta, ya se había formado en la isla un coágulo de pesadez social. Este panorama desalentador fue generado por las carencias de la canasta básica, la falta de inversión extranjera, una economía desnutrida y el desgaste de un modelo que exigía trabajos excesivos en pos del socialismo. El control asfixiante y el estricto racionamiento resultaban abrumadores; el Estado se encargaba de dictar cada medida y cada trozo de pan, al punto en que la población, sumida en un agobio insufrible, debía esperar horas por las raciones de carne y cereales. Este escenario de hartazgo ha sido, históricamente, el caldo de cultivo para los rebeldes y rockeros en todo el mundo. En Cuba, la mentalidad inconformista no se hizo esperar: los jóvenes se las ingeniaban para emular la estética de latitudes un tanto lejanas. El cabello largo, las playeras de bandas de rock y una actitud desafiante comenzaron a brotar en las vísperas del Período Especial.
La política estatal hacia la juventud era implacable. El aparato de inteligencia del Ministerio del Interior (el G2), en coordinación con la policía, perseguía con saña a los frikis, quienes a menudo eran señalados solo por pasar las tardes en los parques escuchando heavy metal. El régimen actuó con violencia: los golpeaban, los aventaban contra los muros a punta de pistola y les decomisaban sus grabadoras y casetes —joyas sobrevivientes del intercambio cultural con el bloque soviético, el contrabando internacional o los envíos de amigos en Miami—. Otra forma de represión frecuente para quebrar su identidad era cortarles el cabello, "tuzarlos" a tijerazo limpio. Al igual que ocurrió en otras partes del mundo (en México se vivió este fenómeno), la autoridad buscaba cortar de lleno aquello que diferenciaba al rockero del resto, diluyendo la actitud desafiante y la rebeldía para forzar al joven a encajar en la dinámica de lo políticamente correcto.
En esos tiempos, era más peligroso ser un joven rockero que un delincuente común. Ante el hostigamiento policial, la falta de opciones y la negación de sus libertades, comenzó a gestarse una alternativa desesperada. Los centros de internamiento para pacientes con VIH, conocidos popularmente como «sidatorios» o «sidamientos», se convirtieron, paradójicamente, en un refugio ideal. Los jóvenes sabían que tras esos muros encontrarían techo, tres comidas al día y, sobre todo, la libertad de expresarse y vestir sin el acoso de la ley; esa misma libertad que en las calles les había sido negada.
Estos recintos habían sido creados por el gobierno cubano para contener la epidemia del VIH que ya azotaba al mundo. La estrategia inicial del régimen fue el confinamiento obligatorio de los portadores del virus, con la doble intención de aislarlos para evitar la propagación y mantenerlos bajo control mientras se buscaba una solución médica real. Sin embargo, para la juventud marginalizada, contraer la infección empezó a verse como un precio razonable a cambio de sacudirse la represión.
«Circulaban rumores sobre un sacrificio espeluznante que algunos fanáticos del metal extremo, apodados frikis, estaban realizando. Estos jóvenes se inyectaban deliberadamente el VIH, el virus que asolaba a parte de la población de la isla».
— R. Arellano, Metal Hammer, 2 de enero de 2023.
El movimiento friki en Cuba fue uno de los más extremos dentro de las culturas subterráneas a nivel mundial. Su máxima expresión de resistencia fue la idea de "incubarse", es decir, inyectarse la sangre de un amigo infectado para contraer el virus. El objetivo era claro: radicalizarse en su identidad y ganar acceso a los sanatorios estatales, donde encontraban un refugio para escuchar rock, libertad de expresión y ser ellos mismos sin persecución.
Hay registros de grupos de rock que ensayaban en estos lugares de retiro. Frakass es, tal vez, la más enigmática; son considerados los padres del "rock sida", aunque, contrariamente a esa popularidad, no existen registros musicales de ellos. De hecho, en cartas e intercambio de fanzines con un metalero de Holguín, Cuba, me confirmó la misma teoría: «Frakass eran unos punks contagiados de sida que realizaban pequeñas presentaciones dentro de los mismos muros de los centros de internamiento». Sin embargo, me dio a conocer a Eskoria (vale la pena echarle una ojeada a "William, fundador y alma de Eskoria" en su página favorita de streaming de pobres: YouTube). Este nivel de sacrificio y amor al rock hace que grupos extremos europeos como el Inner Circle o Absurd parezcan simples chamacos imberbes. En la isla, el rock fue vetado, perseguido y ninguneado por el régimen; sin embargo, las alternativas de resistencia que adoptaron los jóvenes fueron verdaderamente viscerales:
"Preferíamos morir bajo nuestros propios términos que vivir una vida donde no se nos permitía ser nosotros mismos".
Con el tiempo, la postura del Estado cubano hacia el rock comenzó a cambiar con nuevas medidas y más libertades, con eventos como el Festival Ciudad Metal Rock en Santa Clara, y una visión más abierta pos los jóvenes. En el año 2001, se inauguró una estatua de John Lennon en un parque de La Habana; el mismo Fidel Castro la develó, lo que marcó el inicio de una tregua oficial con esta música. Esas ideas habrían sido impensables en años anteriores. El rock dejó de ser perseguido y pasó a ser asimilado, creándose incluso la Agencia Cubana de Rock (institución de la cual el festival de Santa Clara es un gran logro).
Hoy en día, muchos de los frikis originales han emigrado o han muerto debido a las complicaciones derivadas del VIH. Los que quedan en Cuba voltean con nostalgia al pasado de aquellos años de juventud, como Gerson Govea, quien ha compartido su experiencia en diferentes medios.
Actualmente, el rock parece destinado a perecer, pero por un fenómeno diferente a la represión y la intolerancia hacia los gritos y los "tarolazos": la falta de interés por aprender a tocar un instrumento o la apatía hacia el formato de banda. Las nuevas generaciones se debaten ahora entre el reguetón, el k-pop e internet. Frente a la falta de originalidad y a una estética líquida generada por las industrias culturales, vivimos una enfermedad de la modernidad donde ya no existen contenidos ni esencias reales.
Los frikis cubanos no fueron simples imitadores de una moda extranjera; fueron creadores de una identidad propia, nacida de la escasez y la resistencia. El «rock sida» es uno de esos recordatorios de que el ser humano es capaz de cualquier cosa con tal de conseguir su libertad. Su historia demuestra que el arte y la necesidad de autoexpresión son fuerzas de la naturaleza imposibles de frenar, incluso bajo las circunstancias más adversas, donde se llegó a arriesgar la vida a cambio de un espacio de libertad.
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Fuentes:
El Universal. (2017, 29 de mayo). Así sobrevive el último punk que se inoculó VIH en Cuba. El Universal. https://www.eluniversal.com.mx/articulo/mundo/2017/05/29/asi-sobrevive-el-ultimo-punk-que-se-inoculo-vih-en-cuba/
Arellano, R. (2023, 1 de enero). Metal's doomed generation: the tragic story of Cuba's 'los frikis'. Louder Sound. https://www.loudersound.com/features/metals-doomed-generation-the-tragic-story-of-cubas-los-frikis
Libertad Digital. (2000, 9 de diciembre). Se descubre una estatua de Lennon en un parque de La Habana. Libertad Digital - Cultura. https://www.libertaddigital.com/cultura/2000-12-09/se-descubre-una-estatua-de-lennon-en-un-parque-de-la-habana-11156/




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