Identidades alternas: escritores que cambiaron de nombre
- Cámara rota

- hace 11 minutos
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A veces el seudónimo no es un disfraz, sino una vía de escape. Un espacio donde los autores más conocidos pudieron experimentar con géneros, tonos o excesos que no encajaban con su nombre público. Estas obras no son curiosidades menores: muchas están entre lo mejor que escribieron.
Desnuda ante la muerte - J. D. Robb (Nora Roberts)
El inicio de la larguísima saga In Death, donde Nora Roberts se reinventa como autora de thriller futurista. Bajo el nombre de J. D. Robb construye un mundo policiaco ambientado en un futuro cercano, con crímenes brutales, tecnología avanzada y una fuerte carga romántica. Eve Dallas, su protagonista, es ya un ícono del género. Es el proyecto más representativo y duradero de este seudónimo.

El rapto de la Bella Durmiente - A. N. Roquelaure (Anne Rice)
Aquí Anne Rice cruza todas las líneas. Bajo este nombre publica una relectura explícita, provocadora y sin concesiones del cuento clásico, llevándolo al terreno del BDSM y la fantasía erótica. Es la novela que inaugura la serie de Sleeping Beauty y la obra más conocida de este seudónimo, escrita con la misma intensidad obsesiva que sus vampiros, pero sin máscaras morales.

Lucky Starr y los piratas de los asteroides - Paul French (Isaac Asimov)
Antes de ser el gran divulgador científico y arquitecto de la ciencia ficción moderna, Asimov escribió aventuras juveniles bajo este seudónimo. Lucky Starr es el héroe espacial clásico: asteroides, villanos, conspiraciones y optimismo científico. Aunque la serie tiene seis libros, este título suele citarse como uno de los más representativos de esa etapa formativa y lúdica del autor.

Vidas de los gemelos - Rosamond Smith (Joyce Carol Oates)
Con Rosamond Smith, Joyce Carol Oates se adentra de lleno en el thriller psicológico. Esta fue la primera novela publicada bajo ese nombre y la más emblemática: una historia inquietante de identidades fragmentadas, violencia emocional y obsesión. Durante años se leyó sin saber quién estaba detrás, y hoy se reconoce como una pieza clave de su lado más oscuro y perturbador.

La larga marcha - Richard Bachman (Stephen King)
Para muchos, la mejor novela de Bachman… y una de las mejores de Stephen King. Una distopía sencilla y devastadora: cien adolescentes obligados a caminar hasta morir. Sin elementos sobrenaturales, sin alivios, solo desgaste físico y psicológico. Bachman le permitió a King escribir con mayor crudeza y pesimismo, y The Long Walk sigue siendo el ejemplo más poderoso de esa identidad paralela.

Ausente en primavera - Mary Westmacott (Agatha Christie)
Lejos de Poirot y Miss Marple, Christie firmó seis novelas profundamente introspectivas bajo este nombre. Absent in the Spring es la más celebrada: el retrato de una mujer obligada a enfrentarse consigo misma durante un viaje interrumpido. Sin misterio criminal, pero con una disección psicológica implacable, es quizá la obra más honesta y cruel que escribió.





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