Presentación poemario de Diana Brubeck "Toma tus soles"
- Guillermo Romo de los Reyes

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Presentación del libro "Toma tus soles", de Diana Brubeck. Museo de Arte Moderno "Guillermo Ceniceros".
Por Guillermo Romo de los Reyes
Este libro nace —como suele suceder con los proyectos más honestos— sin la conciencia inicial de ser un libro. En la nota de autora, Diana Brubeck lo expresa con claridad: la escritura aparece primero como una necesidad, como un impulso que no busca aún forma definitiva, sino salida. La poesía no es aquí un punto de partida deliberado, sino un territorio al que se llega después de haber transitado otros lenguajes, otros géneros, otras maneras de decir. Ese origen marca profundamente el tono y la naturaleza del poemario.
Durante mucho tiempo, la autora pensó que la poesía no era lo suyo. La percibía como algo distante, casi como un sistema que se comprende de manera teórica, pero no emocional. Sin embargo, el acercamiento a los idiomas, a la música y a la lectura constante de poetas de distintas épocas y contextos fue abriendo un espacio distinto: uno donde la escritura dejó de ser un ejercicio intelectual para convertirse en una forma de acompañamiento personal. Este libro es resultado de ese proceso gradual, de ese desplazamiento hacia una voz que se permite explorar sin la presión de cumplir con una idea previa de lo poético.
El eje central del poemario es el duelo amoroso. A lo largo de los textos se despliega una experiencia de ruptura marcada por la ausencia, la espera, la imposibilidad de decir lo que quedó pendiente y la necesidad de resignificar lo vivido. El libro no se organiza como una historia lineal, sino como una constelación de momentos emocionales: instantes de claridad, recaídas, preguntas sin respuesta y pequeños gestos de aceptación.
La voz poética se construye desde un yo íntimo, frontal y vulnerable, que no teme mostrarse insistente ni reiterativo. Esa reiteración no es un descuido, sino una forma de representar el pensamiento circular propio del duelo: volver una y otra vez sobre los mismos recuerdos, las mismas preguntas, los mismos “quizás”. Poemas como Los quizás, Sábados o Desde lejos dan cuenta de ese estado mental donde el tiempo parece suspendido y la ausencia se vuelve una presencia constante.
Otro motivo recurrente es el de la guerra íntima. No una guerra épica ni heroica, sino una batalla que se libra a solas, como se menciona en De la batalla perdida. Aquí, la derrota no implica fracaso moral, sino desgaste emocional. Saber cuándo bajar las armas, cuándo guardar las palabras, cuándo aceptar que algunas luchas no tienen un enemigo visible. Esta imagen refuerza la idea del amor como un acto de valentía, incluso —o especialmente— cuando no es correspondido.
Formalmente, el poemario transita entre el verso libre, la prosa poética y textos de carácter más narrativo. Hay poemas breves, casi aforísticos, y otros extensos, donde la voz se despliega con mayor libertad. Esta variedad responde al propio proceso de escritura: no hay una búsqueda de uniformidad, sino de fidelidad a la emoción que origina cada texto. El resultado es un libro que se lee como un cuaderno emocional, donde cada pieza cumple una función dentro del proceso de decir y soltar.
Un aspecto relevante del libro es su reflexión constante sobre el miedo al amor. En varios textos, la voz poética contrapone su propia disposición a amar con la incapacidad del otro para sostener ese vínculo. El amor aparece entonces como una asimetría: uno se lanza, el otro retrocede; uno escala, el otro observa desde abajo. Sin caer en el reproche directo, el libro construye una ética del sentir donde amar intensamente no es un error, sino una elección consciente.
En poemas como No hablemos de culpables, esta postura se vuelve especialmente clara. No se trata de ganar o perder, sino de reconocer lo que se obtuvo en el proceso: certezas, aprendizajes, reencuentros con uno mismo. El duelo no borra lo vivido, pero lo transforma.
El libro también dialoga con la idea del cuidado, incluso después de la ruptura. Hay consejos, deseos, pequeños gestos de ternura que sobreviven a la separación. En este sentido, el poemario no se instala en el rencor ni en el resentimiento, sino en una tristeza que busca ser lúcida. La escritura se convierte así en una forma de despedida prolongada, en un ritual íntimo que permite cerrar sin negar lo que fue.
Las ilustraciones que acompañan el libro refuerzan esta atmósfera introspectiva y amplían la experiencia de lectura, subrayando el carácter de proyecto personal y cuidado. Palabra e imagen dialogan desde la misma sensibilidad, sin imponerse una sobre la otra.
En conjunto, este poemario puede leerse como un ejercicio de sanación. Tal como lo expresa la autora, cada texto funciona como una espina que se extrae, como una herida que comienza a cicatrizar, o al menos a nombrarse. No es un libro que busque respuestas definitivas ni conclusiones cerradas, sino uno que se permite habitar la pregunta, la memoria y la emoción con honestidad.
Presentar este libro es, en última instancia, acompañar ese gesto: el de alguien que decidió escribir para no callar lo que dolía, para entenderse mejor y para dejar constancia de una manera particular de amar. Y ese gesto, por sí mismo, constituye el núcleo más sólido y valioso de este poemario.










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