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Jugar y querer saber más

  • Foto del escritor: Cámara rota
    Cámara rota
  • hace 3 horas
  • 4 Min. de lectura

Por: Alejandro Sánchez Campo


Siempre me ha fascinado que los videojuegos no solo sean entretenimiento (bastante  adictivo) en el día a día, sino una experiencia que me motive a interesarme por  diversas áreas del conocimiento. Con mecánicas, campañas y personajes tan  variados entre sí, todos provocan esa sensación de "quiero saber más", ya sea por  una hiperfijación o simplemente por la curiosidad latente. Estos juegos y sagas no te  convierten directamente en un erudito, pero me empujaron a abrir libros, ver  documentales y hasta cambiar mi forma de ver el mundo. Aquí te muestro cómo  algunos juegos o sagas pueden generar interés por aprender.


Assassin’s Creed. 


De mis sagas favoritas y una de las más conocidas. Aunque la narrativa y el desarrollo  de la aventura original con Desmond Miles no se compare con la de los personajes  posteriores, siempre podrás maravillarte con los niveles de detalle en cada uno de los  mapas. 


Personalmente, creo que la saga de Ezio Auditore, ambientada en el Renacimiento  de Italia, tiene aspectos muy interesantes. A veces, más que explorar mapas de un  videojuego, se sienten como pequeños tours virtuales por ciudades emblemáticas  como Venecia, Florencia y Roma. Si eres de esas personas a las que les gusta  profundizar en el lore, cada una de las sagas contiene bases de datos (unas más  extensas que otras) que ofrecen un buen resumen de ubicaciones, personajes y  estilos de vida de cada civilización. 


El soundtrack es una gran cereza sobre el pastel que permite una mejor ambientación  según la época. Recomendada para quienes deseen ponerlo como playlist mientras  trabajan o estudian. 


Age of Empires. 


El clásico de los clásicos. Este sencillo pero muy divertido juego de PC te permite  dirigir una civilización a lo largo de cuatro épocas con el fin de conquistar a las otras,  ya sean controladas por la máquina (bastante desafiante para jugadores novatos) o por otros jugadores. 


Al igual que Assassin's Creed, se toman sus respectivas licencias creativas en pro de  la jugabilidad, pero tanto las campañas como sus bases de datos despiertan un  interés genuino por la historia de diversas civilizaciones: desde aquellas muy  conocidas hasta otras menos exploradas, como los yurchen o los bereberes. 


Portal. 


Dejando un poco la historia de lado, hay juegos que no te enseñan fechas ni  civilizaciones, sino algo más inquietante: te obligan a cuestionar cómo funciona el  mundo. Portal es uno de ellos.


En este juego, avanzas resolviendo puzles mediante el uso de portales que alteran tu  forma de desplazarte. Todo parece intuitivo al principio: entras por un lado, sales por  otro, conservando velocidad… o eso dice el propio juego. Pero fue justo ahí donde  algo dejó de cuadrarme. Si el juego afirmaba que el momento lineal se conservaba  entre portales, ¿realmente funcionaba así? 


No lo sabía en ese momento, pero esa pequeña duda fue suficiente. Más allá de  completar niveles, me encontré buscando respuestas fuera del juego: leyendo sobre  mecánica clásica, intentando entender conceptos que antes me parecían lejanos.  Portal no me enseñó física de forma directa, pero sí hizo algo más importante: me dio  una razón para querer entenderla. 


Kerbal Space Program. 


Este simulador de construcción y pruebas de cohetes, bastante realista, es un título  desarrollado por el equipo mexicano Squad, que demuestra el talento del país para  crear grandes productos de buena calidad. Tanto es así que la propia NASA y la ESA  lo han utilizado para motivar a sus futuros ingenieros, invitándolos a usar su  creatividad e introduciéndolos en temas como la ingeniería aeroespacial y la  mecánica orbital. 


Plague Inc. 


Este juego logró algo especial y es que yo no soy alguien muy afín a la Biología,  siempre fue una de las materias que me costaba pasar. Pero tengo que admitir que  un juego en el que tienes que expandir una enfermedad hasta aniquilar a todo el  mundo hace que te intereses en muchos temas como Epidemiología, Biología y la  Geografía. Es bastante entretenido, tiene un excelente nivel de complejidad y modos  de juego divertidos como el de Propagación de Fake News o el de repartir felicidad  mediante una larva cerebral. 


Minecraft. 


Más allá de las miles de series hechas por youtubers durante la década de 2010 y de  poner a tus amigos como esclavos para crear granjas generadoras de recursos,  Minecraft sigue siendo uno de esos títulos de los que no te cansas fácil. Este juego  ha inspirado a muchas personas a interesarse tanto en carreras relacionadas con la  construcción como en las ingenierías. 


Ni que hablar de la cantidad de mods que no solo entretienen, sino que permiten  interesarse por áreas como la programación, la escritura y las artes. Aunque su  versión Minecraft Education ha sido señalada como un distractor que puede afectar  el aprendizaje, creo que una correcta implementación muestra que la enseñanza no  está necesariamente reñida con los videojuegos. 


Simcity, Cities Skylines y Trópico.


Y si, ¿en lugar de aprender del pasado o de la ciencia, quieres entender el presente? 


Estos tres juegos tienen la característica de enfocarse en la gestión urbana. Aunque  Tropico se centra más en cuestiones geopolíticas con tintes satíricos de la política en  Latinoamérica, todos te terminan adentrando en el porqué del diseño de las ciudades y en conceptos básicos de urbanismo. Algo que considero vital, sobre todo si  queremos entender las deficiencias de diseño de ciudades como la CDMX. 


Atomas. 


Un sencillo jueguito de celular que me ha entretenido bastante, sobre todo durante  trayectos largos en el transporte público. La mecánica consiste en ir combinando  elementos hasta tratar de llegar al elemento 125 y evitar llenar el tablero. A veces,  cuando jugaba esto, me preguntaba simplemente qué son esos elementos mostrados,  para qué se usan y dónde se encuentran. Es una forma atractiva de aprender algo de  química, aunque advierto que es frustrante perder después de varios minutos. 


Mi objetivo no es solo darte una recomendación de qué jugar durante una tarde  aburrida, ni un intento de demostrar que todos los juegos deben ser educativos. Lo  que quiero es mostrar el potencial de los videojuegos para formar nuevas vocaciones,  incluso en personas que detestan los estudios, y recordar que el aprendizaje va más  allá de las aulas y los libros. Al igual que la ciencia ficción, los videojuegos pueden  encender la chispa de la curiosidad. Y a veces, eso es suficiente para cambiarlo todo.  Te invito a leer este otro artículo, donde exploro cómo la fantasía cambia realidades: 


https://www.camararota.com/post/c%C3%B3mo-la-fantas%C3%ADa-cambia realidades-sobre-el-alcance-de-la-ciencia-ficci%C3%B3n




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