Jugar y querer saber más
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- hace 3 horas
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Por: Alejandro Sánchez Campo
Siempre me ha fascinado que los videojuegos no solo sean entretenimiento (bastante adictivo) en el día a día, sino una experiencia que me motive a interesarme por diversas áreas del conocimiento. Con mecánicas, campañas y personajes tan variados entre sí, todos provocan esa sensación de "quiero saber más", ya sea por una hiperfijación o simplemente por la curiosidad latente. Estos juegos y sagas no te convierten directamente en un erudito, pero me empujaron a abrir libros, ver documentales y hasta cambiar mi forma de ver el mundo. Aquí te muestro cómo algunos juegos o sagas pueden generar interés por aprender.
Assassin’s Creed.
De mis sagas favoritas y una de las más conocidas. Aunque la narrativa y el desarrollo de la aventura original con Desmond Miles no se compare con la de los personajes posteriores, siempre podrás maravillarte con los niveles de detalle en cada uno de los mapas.
Personalmente, creo que la saga de Ezio Auditore, ambientada en el Renacimiento de Italia, tiene aspectos muy interesantes. A veces, más que explorar mapas de un videojuego, se sienten como pequeños tours virtuales por ciudades emblemáticas como Venecia, Florencia y Roma. Si eres de esas personas a las que les gusta profundizar en el lore, cada una de las sagas contiene bases de datos (unas más extensas que otras) que ofrecen un buen resumen de ubicaciones, personajes y estilos de vida de cada civilización.
El soundtrack es una gran cereza sobre el pastel que permite una mejor ambientación según la época. Recomendada para quienes deseen ponerlo como playlist mientras trabajan o estudian.
Age of Empires.
El clásico de los clásicos. Este sencillo pero muy divertido juego de PC te permite dirigir una civilización a lo largo de cuatro épocas con el fin de conquistar a las otras, ya sean controladas por la máquina (bastante desafiante para jugadores novatos) o por otros jugadores.
Al igual que Assassin's Creed, se toman sus respectivas licencias creativas en pro de la jugabilidad, pero tanto las campañas como sus bases de datos despiertan un interés genuino por la historia de diversas civilizaciones: desde aquellas muy conocidas hasta otras menos exploradas, como los yurchen o los bereberes.
Portal.
Dejando un poco la historia de lado, hay juegos que no te enseñan fechas ni civilizaciones, sino algo más inquietante: te obligan a cuestionar cómo funciona el mundo. Portal es uno de ellos.
En este juego, avanzas resolviendo puzles mediante el uso de portales que alteran tu forma de desplazarte. Todo parece intuitivo al principio: entras por un lado, sales por otro, conservando velocidad… o eso dice el propio juego. Pero fue justo ahí donde algo dejó de cuadrarme. Si el juego afirmaba que el momento lineal se conservaba entre portales, ¿realmente funcionaba así?
No lo sabía en ese momento, pero esa pequeña duda fue suficiente. Más allá de completar niveles, me encontré buscando respuestas fuera del juego: leyendo sobre mecánica clásica, intentando entender conceptos que antes me parecían lejanos. Portal no me enseñó física de forma directa, pero sí hizo algo más importante: me dio una razón para querer entenderla.
Kerbal Space Program.
Este simulador de construcción y pruebas de cohetes, bastante realista, es un título desarrollado por el equipo mexicano Squad, que demuestra el talento del país para crear grandes productos de buena calidad. Tanto es así que la propia NASA y la ESA lo han utilizado para motivar a sus futuros ingenieros, invitándolos a usar su creatividad e introduciéndolos en temas como la ingeniería aeroespacial y la mecánica orbital.
Plague Inc.
Este juego logró algo especial y es que yo no soy alguien muy afín a la Biología, siempre fue una de las materias que me costaba pasar. Pero tengo que admitir que un juego en el que tienes que expandir una enfermedad hasta aniquilar a todo el mundo hace que te intereses en muchos temas como Epidemiología, Biología y la Geografía. Es bastante entretenido, tiene un excelente nivel de complejidad y modos de juego divertidos como el de Propagación de Fake News o el de repartir felicidad mediante una larva cerebral.
Minecraft.
Más allá de las miles de series hechas por youtubers durante la década de 2010 y de poner a tus amigos como esclavos para crear granjas generadoras de recursos, Minecraft sigue siendo uno de esos títulos de los que no te cansas fácil. Este juego ha inspirado a muchas personas a interesarse tanto en carreras relacionadas con la construcción como en las ingenierías.
Ni que hablar de la cantidad de mods que no solo entretienen, sino que permiten interesarse por áreas como la programación, la escritura y las artes. Aunque su versión Minecraft Education ha sido señalada como un distractor que puede afectar el aprendizaje, creo que una correcta implementación muestra que la enseñanza no está necesariamente reñida con los videojuegos.
Simcity, Cities Skylines y Trópico.
Y si, ¿en lugar de aprender del pasado o de la ciencia, quieres entender el presente?
Estos tres juegos tienen la característica de enfocarse en la gestión urbana. Aunque Tropico se centra más en cuestiones geopolíticas con tintes satíricos de la política en Latinoamérica, todos te terminan adentrando en el porqué del diseño de las ciudades y en conceptos básicos de urbanismo. Algo que considero vital, sobre todo si queremos entender las deficiencias de diseño de ciudades como la CDMX.
Atomas.
Un sencillo jueguito de celular que me ha entretenido bastante, sobre todo durante trayectos largos en el transporte público. La mecánica consiste en ir combinando elementos hasta tratar de llegar al elemento 125 y evitar llenar el tablero. A veces, cuando jugaba esto, me preguntaba simplemente qué son esos elementos mostrados, para qué se usan y dónde se encuentran. Es una forma atractiva de aprender algo de química, aunque advierto que es frustrante perder después de varios minutos.
Mi objetivo no es solo darte una recomendación de qué jugar durante una tarde aburrida, ni un intento de demostrar que todos los juegos deben ser educativos. Lo que quiero es mostrar el potencial de los videojuegos para formar nuevas vocaciones, incluso en personas que detestan los estudios, y recordar que el aprendizaje va más allá de las aulas y los libros. Al igual que la ciencia ficción, los videojuegos pueden encender la chispa de la curiosidad. Y a veces, eso es suficiente para cambiarlo todo. Te invito a leer este otro artículo, donde exploro cómo la fantasía cambia realidades:
https://www.camararota.com/post/c%C3%B3mo-la-fantas%C3%ADa-cambia realidades-sobre-el-alcance-de-la-ciencia-ficci%C3%B3n




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