Señorita Etcétera: la manic pixie dream girl de Arqueles Vela
- Cámara rota

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Por: Diana Brubeck
Según el diccionario de la Real Academia Española, se entiende por “arquetipo”:
Representación que se considera modelo de cualquier manifestación de la realidad.
De este modo, a lo largo de siglos de desarrollo de la literatura, este concepto ya no atiende a razones meramente filosóficas o antropológicas, sino que ha trascendido también hasta la creación literaria. La existencia de estos modelos imaginarios, referentes de la realidad, se encuentran como una constante desde la mitología, pasando por los Cantares de Gesta, hasta los cuentos fantásticos, novelas rosas y policíacas, llenando la literatura incluso hasta nuestros tiempos; las leyendas, por ejemplo, «suelen organizarse alrededor de arquetipos —situaciones y personajes universales que son fácilmente comprendido por el oyente—» (Sanders, 2020).
Resulta normal, entonces, etiquetar o encasillar a los personajes de los libros o películas favoritas, ya que muchas veces las historias de desarrollan con “fórmulas” que siguen los arquetipos narrativos y de personaje, dependiendo del género.
Ahora bien, no es una sorpresa descubrir que la mayoría de los arquetipos (el héroe/la heroína; el heraldo/mensajero; el mentor; el guardián del umbral; el bufón; el camaleón; la sombra/el villano) traigan a la mente a personajes literarios y cinematográficos como El rey Arturo, Luke Skywalker, Percy Jackson, Frodo Bolsón o Sherlock Holmes; nombres principalmente masculinos, tras los cuales existe la presencia en su mayoría de un personaje femenino que actúa alrededor, probablemente porque los personajes femeninos siguen estando relegados a papeles «menos activos», relacionados en gran parte, como diría Celia del Moral (2006) con «la posible independencia o libertad de la mujer andalusí en relación con sus contemporáneas de Oriente o del Norte de África».
Si bien del Moral realiza su estudio de los arquetipos femeninos sobre la poesía andalusí, resulta sencillo encontrar ejemplos de ellos en más de un texto occidental o hispanohablante. Los arquetipos que ella presenta son:
Las hijas o las hermanas: atendiendo a la función familiar de la mujer, principalmente «con motivo de una boda o alguna celebración».
La tabernera, la alcahueta, la monja, etc.: ligados a los oficios que las mujeres ejercían.
La virgen: atendiendo sobre todo ante el valor añadido que le da la virginidad a una mujer, de carácter inocente e incluso sumiso.
Y, aunque actualmente la presencia de personajes femeninos en libros, series televisivas y películas ha tomado mayor fuerza, los arquetipos mencionados por del Moral, fueron creados por la poesía masculina; así mismo, bajo la misa postura producto del patriarcado, han surgido nuevos arquetipos femeninos de la actualidad, como la «MPDG» (por sus siglas en inglés Manic Pixie Dream Girl), término acuñado por el crítico de cine estadounidense Nathan Rabin en 2007 tras analizar el perfil de varios personajes femeninos, como el de Kirsten Dunst en Elizabethtown, el cual encabezaría solo el inicio de una lista a la que se sumarían más personajes que terminaron por consolidar, incluso en su aspecto físico, la imagen de las MPDG.
Según Rabin, este arquetipo femenino hace referencia a un personaje que «existe solamente en la ferviente imaginación de directores-guionistas sensibles para enseñar a hombres jóvenes, tristes y solitarios, a abrazar la vida y sus infinitos misterios y aventuras». En esta definición no solo se hace una descripción del personaje masculino, sino que se establece una correlación en cómo debe de ser el personaje masculino para que exista una MPDG, lo que termina por relegarla a un estado de objeto antes que de personaje activo. De hecho, una de las características es que «su propósito en la historia no es otro que servir de inspiración para su pareja sentimental, además de ser apoyo intelectual» y esta carencia de desarrollo entra en contraste con las características que se le atribuye a una MPDG: tener un carácter espontáneo y un espíritu libre.
Ahora bien, Arqueles Vela Salvatierra (02 de diciembre de 1899 – 25 de septiembre de 1977) fue un periodista, escritor, educador y poeta mexicano de la vanguardia latinoamericana estridentista. Entre su repertorio de publicaciones, se destaca la novela corta titulada La Señorita Etcétera, publicada en 1922 y que aparece como una temprana representación literaria de un término que se acuñó en el cine treinta años después.
Realizaremos el análisis a partir de la definición de Rabin.
“Existe solamente en el ferviente imaginario”
A lo largo de toda la narración, e incluso al final, el personaje principal vive desarrollando interacciones imaginarias, o lamentándose siempre en su mente. Sabemos todo lo que sucede dentro de él y apenas un esbozo de la situación exterior. El mismo narrador lo admite desde el inicio, cuando dice: «Para asirme más a la absurda realidad de mi ensueño, volvía a verla de vez en cuando». Si bien existen varios encuentros que se dan durante la narración, suelen ser desde la distancia, con interacciones meramente imaginarias, existentes y «reales» solamente para el personaje masculino.
“para enseñar a jóvenes, tristes y solitarios”
Como ya se mencionó, la MPDG está intrínsicamente ligada al personaje masculino; si este no tiene un carácter triste y solitario, con poca motivación en la vida, enraizado en su rutina o su propia vida, la MPDG con su característica vivacidad, intensidad y actuar impredecible no tendría lugar o razón de ser, ya que su propósito es dar propósito al personaje masculino para que su desarrollo personal.
Ejemplo de ello es la evolución del protagonista conforme se sumerge en su nueva vida en una ciudad nueva, donde se crea un ambiente gris y maquinizado: «Yo me sentía con esa profunda nostalgia que se va acumulando en las estaciones solitarias, recordada por unas cuantas luces mortecinas».
“a abrazar la vida y sus infinitos misterios y aventuras”
Cómo ya se explicó, el papel de una MPDG tiene como propósito impulsar al personaje masculino a su mejor versión. Apenas en el primer capítulo de la novela, la Señorita Etcétera (antes de recibir este nombre), empieza su tarea con su mera existencia: «sentado allí, junto a ella, en medio de la soledad marina y de la calle, me sentía como en casa». Este es el abrazo a la vida, aunque sea solo por momentos, aquellos en los que la MPDG aparece para iluminar (en los casos de las películas, con sus cabellos de colores y ropa vintage) los días grises del protagonista que, además, se suele narrar o presentar la historia bajo su punto de vista, porque de otra manera sería difícil acceder a esa idealización sobre el personaje femenino que la vuelve la chica de ensueño.
Finalmente, existe uno de los factores más importantes: una MPDG no es un sujeto, sino un objeto, pero Vela logra ponerlo de una manera clara en instancias donde usa metáforas o comparaciones de la señorita con objetos: «[…] con una actitud de silla olvidada, empolvada, de silla que todavía no ha ocupado nadie» y «Ella había llegado a ser un apartamento cualquiera […], con servicio cold and hot y calefacción sentimental para las noches de invierno», diseñada solo para llenar algún vacío del hombre, en este caso, el amor o la compañía.
No obstante, en el texto existe un cambio entre ambas comparaciones, siendo la primera durante uno de los encuentros iniciales donde jamás se acercó a hablarle (de ahí una simple silla), y la segunda, un encuentro posterior donde ya cambió la Señorita y está en proceso de convertirse la Señorita Etcétera (y ahora es vista como un lugar el cual albergar, con todas sus implicaciones); desarrollo del que no vemos nada, salvo el resultado, poniéndola ahora como un objeto que rompe con la idealización del protagonista. No sabemos nada del personaje femenino más que aquello que se nos presenta por parte del personaje masculino, quien, tras otorgarle con decepción el título de «Señorita Etcétera» porque ella «había seguido las tendencias actuales» y «sus absurdidades, tan naturales, desmantelaron la ráfaga de ilusión que navegaba en sus pupilas», se aferra a la imagen ideal de su imaginario, tratando de mantener viva a la MPDG que tanto necesita para seguir existiendo.
Así, la obra de Arqueles Vela presenta un adelantado modelo de la MPDG que ha atravesado pantallas y se vuelve, también, un ideal que comparten los hombres en la vida real, donde lo que atrae no es la mujer como individuo, sino la idealización que se tiene de ella.




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