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Los estertores del neoliberalismo “La narrativa de la posverdad”



En los años 90 se impone el término “posmoderno” por el que se establece que “no hay nada fuera del discurso”. Es decir, no hay principios últimos y la realidad se caracteriza por la fragmentación donde no hay hechos, solo interpretaciones de los hechos. Cuando Nietzsche se habría adelantado en la conceptualización de la crisis de los valores del iluminismo diciendo: “Las identificaciones de clase, género y generación se encubren para establecer la fuerza de las identificaciones en las que se está como ganador o perdedor según la lógica del mercado” En esta concepción se acentúan los procesos de desintegración en el rechazo del racionalismo propio de la modernidad a favor del fragmento, lo individualizado. La búsqueda de independencia de este proceso es rechazada por diferentes “pos” donde “aparentar” es más importante que la propia verdad. Así se gesta el neologismo de “posverdad”.

Los orígenes de la palabra “posverdad” tienen varias fuentes. La que más se ha difundido es que en abril de 2010 una revista humorística especializada en política medioambiental publica un artículo que utiliza la palabra “posverdad” por primera vez. David Roberts lo uso para referirse a las “políticas que negaban el cambio climático pese a la evidencia científica al respecto”.

Fue en 2016 cuando el diccionario de Oxford estableció “post-truth” como la palabra del año, debido a los fenómenos ocurridos en EEUU y en Europa, se escucha en los discursos denominados populistas de derecha grandes y evidentes falsedades, por un lado Donald Trump afirmaba permanentemente cosas falsas y Nigel Farage en el Reino Unido, negaba los propios discursos emitido en su campaña: decía “yo nunca dije eso”. En ambas situaciones había una indiferencia absoluta a la verdad, aun cuando se mostraban los documentos (videos y entrevistas). Cuando “El Economista” publica un artículo sobre el tema, la palabra adquiere peso mediático. Allí, luego de la victoria de Donald Trump, se le nombra como el “máximo exponente de la posverdad”.

La larga historia de las mentiras en la actividad política ahora es denominada con el concepto de posverdad, sin embargo es importante pensarla como una definición de la crisis del capitalismo tardío. De esta forma el concepto que apuntan a los populismos de derecha, se transforma en una reacción defensiva de las posturas neoliberales ya que supuestamente a éstas no las alcanza el concepto de posverdad. De esta manera se pretende encubrir las razones de la desigualdad, el racismo, la violencia y la discriminación en pos de la ideología neoliberal. Es decir, que la posverdad es el bastión último del neoliberalismo para sostener una narrativa frente al derrumbe inminente y evidente.

Este tipo de discursos con el objetivo de manipular una percepción de la realidad no es nueva, Eduard Bernays (Viena 1891), sobrino de Sigmund Freud, Siendo joven, sus padres emigraron a Nueva York donde decide utilizar las ideas de su tío para influir en la opinión pública. Cuando tenía 25 años le propone al Presidente de EEUU Woodrow Wilson que justificara su entrada en la Primera Guerra Mundial diciendo que EEUU quería “llevar la democracia a todo Europa”.

En 1929 un fabricante de cigarrillos se planteó como incorporar a la mujer en el consumo del tabaco llamado Lucky Strike. Bernays consultó a un psicoanalista y éste le dijo que algunas mujeres fumaban en público como “una rebelión contra el machismo”. Bernays, en lugar de diseñar una publicidad, inventó una noticia. Pagó a un grupo de chicas para que fumaran en medio de un gran desfile en la Quinta Avenida y les dijo que llamaran a sus cigarrillos “antorchas de la libertad”. Invitó a periodistas para que las entrevistaran; al día siguiente era titular de todos los periódicos y el consumo de cigarrillos aumento rápidamente. Para 1939, más del 20% de la población femenina de Estados Unidos fumaba, y no cualquier marca, sino Lucky Strike. Y, así, se unió Marlboro, Chesterfield, y todas las demás compañías tabacaleras. Algunos llaman a Bernays el padre del marketing y las relaciones públicas.

En la era de las redes sociales: La digitalización de los intercambios sociales lleva a que los sujetos se aíslen y se comuniquen con quienes piensan como ellos. De esta manera, comparten sus creencias sin importar si la noticia que difunden es falsa o verdadera. Facebook, twitter e instagram muestra en los muros de cada usuario lo que sus algoritmos calculan, que concuerda con los gustos del usuario, favoreciendo que le lleguen noticias y productos que confirman su visión del mundo. El algoritmo está diseñado de manera que lo que el usuario consulta, sea lo que aparecerá, por lo que las noticias que lleguen aparentemente no lo decide como verdadero o falso (lo cierto es que si está limitado en función de que ciertas opiniones se consideran secundarias o se banean (ocultan) para no ser las primeras opciones del usuario, y este deba buscar un poco más. La verdad no es algo objetivo. La verdad se da en la intersubjetividad. En la relación con otras personas en el interior de una cultura.

La mentira y la verdad son aprendizajes que se realizan en el interior de la cultura por medio de las identificaciones estructurando el aparato psíquico.

Desde la experiencia subjetiva, la mentira aceptada de manera colectiva se produce de la siguiente manera:

  1. La conciencia por parte del hablante de lo que es cierto;

  2. La conciencia del carácter incierto de lo que se dice;

  3. La intención de engañar y

  4. La intención del hablante de ser considerado veraz.

Es decir, la mentira es una actividad verbal, intencional y que pertenece al registro de la conciencia.

Spinoza sostiene que la falsedad en sentido absoluto no existe, puesto que la razón es incapaz de producir ideas falsas por sí misma. Lo que llamamos ideas falsas son producto de la finitud de nuestra capacidad cognitiva, por lo tanto, más que falsas, son “inadecuadas” al objeto que se refieren. Por lo que abandonar las falsedades requiere de crecimiento cognitivo.

Por ello Spinoza plantea tres géneros de conocimiento.

El primero es el de la imaginación. Que puede generar ideas falsas y obliga a diferenciar entre lo real y lo imaginario.

El segundo la razón: Hay que buscar la verdad en el objeto del conocimiento racional. Generar orden y conexión de las cosas. Metodologías, sistematización y procesos.

El tercer género de conocimiento lo llama: de la intuición, esto implica conocer las esencias de las cosas singulares conocimiento profundo de la relación entre las cosas singulares. Podríamos decir, utilizando un lenguaje actual, que es un conocimiento ideológico, es decir, una cosmovisión de las relaciones que se dan en el universo sostenido en la razón. No solo podemos conocer mejor, sino también más cosas. Vamos ganado perspectiva y comprendiendo el funcionamiento del universo.


La posverdad es entonces una posición activa, una generación de discursos que tienen un objetivo específico, negar la hecatombe del neoliberalismo, La posverdad es un sistema de manipulación de la percepción de la realidad, con miras a negar la existencia de la verdad a favor de sostener privilegios. Por esa razón el discurso “Rusia hace injerencia en todos los movimientos sociales”, parece gastado pero sigue siendo usado (Venezuela, Cuba, Bolivia, Argentina, México. Chile y ahora en Colombia), la reciente publicación, de la misma revista que impulsó el término de posverdad, refiriéndose al presidente de México como “Falso mesías” no hace sino corroborar que las narrativas neoliberales reciclan los mismos discursos y seguirán usando los viejos medios para seguir impulsando la mentira.

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