• Karla Cruz

Los zulos



Según mi Larousse Básico, un zulo es un escondite o un refugio. Entonces, partamos de ahí, de que un zulo es un refugio, un cuarto personal para estar a salvo, para escondernos del caos y desde su tranquilidad, también desarrollarnos.


Los zulos representan la brecha, porque quien tiene uno, tiene espacio, privacidad, además de que te protege del frio da la intemperie. Eso da seguridad. Sin zulo sucede lo contrario.


Los zulos propios o rentados nos dan paz, estatus, clase social. Entre más lujos tenga el zulo, mejor. Y por eso se nos va la vida en tener uno. Y dejamos de soñar por pensar en un zulo; y de pronto la meta, y el camino, y el aprendizaje, y el objetivo son cuatro paredes. Un zulo.


Creemos, incluso, que amaríamos mejor teniendo un zulo, que sociabilizaríamos mejor si nos respalda un buen zulo. Nos engañamos pensando que necesitamos un zulo para poder realizar nuestras actividades. Muchos escritores hablan de que necesitan un estudio o un rincón dedicado a la inspiración, pero un zulo es un privilegio que no todos tienen.


Un zulo es un espacio que da nivel de vida y nos acerca un poquito a la blanquitud. Es más, por pagar la renta del mejor zulo a nuestro alcance, somos capaces de dejar de comer. Surge la meritocracia que hay en nosotros y enaltecemos lugares a los cuales no pertenecemos, buscamos los zulos en las mejores colonias, a ver si por suerte encontramos uno con la mensualidad barata. Y hacemos de esos lugares nuestra flora y fauna, a veces, en casos muy lamentables, nos olvidamos de nuestras raíces. Llegamos al punto, en el que estamos convencidos de que un zulo dignifica.


Los zulos nos transforman.


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