• Karla Cruz

Un mundo colonial dentro de la Central de Abasto



La Central de Abasto de la Ciudad de México (CEDA) es el mercado de mayoreo y menudeo más grande del mundo. Se encuentra ubicado en la alcaldía Iztapalapa y se comercian alimentos de consumo procesados y no procesados. Por flujo de dinero, se le considera el segundo mayor centro comercial de México después de la Bolsa Mexicana de Valores. La CEDA maneja gran parte del dinero circulante del Valle de México. Es la cuidad que de verdad nunca duerme.


Históricamente, la Ciudad de México ha sido muy importante para el comercio del país. Antes de la colonia, el centro del comercio se asentó en Tlatelolco. Después de la llegada de los españoles, trasladaron la actividad comercial a la zona centro (a lo que hoy conocemos como La Merced), y la restringieron y controlaron durante el Virreinato. Después de la Independencia de México, el consulado Español perdió este control.


Durante el porfiriato, La Merced fue ligeramente remodelada, pero con el tiempo, la demanda de consumo la rebasó. Comenzaron a construirse locales y las calles aledañas se hicieron especialistas en ventas de artículos específicos. Durante este desarrollo, el comercio comenzó a desplazarse por el oriente y ciertos barrios adoptaron el suyo, como: La Viga, Jamaica, Xochimilco, San Juan, Sonora, Lagunilla etc. El Oriente de la ciudad se convirtió en el lugar de comercio más importante de México.

En la zona centro, llegaban las camionetas de otros estados con su carga para vender, se estacionaban sobre Circunvalación, en cualquier esquina que hubiese libre y así vendían. No había ninguna organización del espacio, se tenían problemas de insalubridad y congestionamiento vial. En 1957 se inauguró el nuevo Mercado Central de la Merced, para tratar de concentrar en un solo espacio el comercio al mayoreo disperso por la zona. Pero el crecimiento poblacional de la Ciudad de México lo rebasó de nuevo.


Carlos Hank González, gobernador del Estado de México (1969-1975) y también Jefe de gobierno de la Ciudad (1976-1982), creó un plan de reordenamiento público y centralización de los servicios, que contemplaba (según él) una mejor movilidad vial, mejor desplazamiento urbano y reorganización para el comercio. Se inició la construcción de Centrales Camioneras, Ejes viales y de la CEDA.


La Central de Abasto se inauguró en 1982 durante el gobierno de José López Portillo. Es un mercado enorme, se extiende en un área total de 327 hectáreas, y tiene la capacidad de almacenar 122,000 toneladas de alimentos y productos básicos. En sus espacios, contiene todos los comercios mayoristas de la Ciudad. Tiene bodegas de todo tipo, como las climatizadas con enfriadores para el almacenamiento de frutas y legumbres. En menor cantidad, se almacenan cárnicos y pescados. Cuenta con bancos, restaurantes, estacionamientos, zonas de carga y descarga de tráileres, estación de policía, etc.


Se crearon fideicomisos para que los comerciantes adquirieran una bodega; una por dueño o por sociedad de dueños, pero no se hizo así. En la práctica una sola persona/dueño podía comprar múltiples bodegas para después venderlas, traspasarlas o rentarlas. Y con el tiempo, así se fue llenando la Central. La mayor parte de ella se dedica a las frutas, legumbres y hortalizas, y otra pequeña parte, a los abarrotes, materias primas y víveres. Se intentó impulsar la zona de cárnicos y pescados, pero no tuvo el impacto que se esperaba; su funcionamiento existe pero es poco rentable.


Se calcula que a diario acuden unos 300 mil compradores, de los cuales, a los que ingresan en auto, se les cobra un peaje según el tamaño del vehículo, entre 10 y 75 pesos. Enfatizo, el cobro es por vehículo. La concesión de ese cobro lo tiene la empresa N3RL.


En la Central de Abasto hay trabajadores de todos los niveles de estudios, aunque la gran mayoría es gente de origen muy humilde. Algunos de los empleos van de gerentes de bodegas, productores, comerciantes, Asociación de Comerciantes, transportistas, Comercio Popular Credencializado (venta ambulante), acomodadores de autos, carretilleros, bodegueros, diableros y los recolectores de basura.


El Comercio Popular Credencializado lo dominan las mujeres con la venta de café, pan, fruta picada, aguas, comida, gelatinas, botanas, etc. Muchas de ellas llegan a la media noche y vienen de zonas periféricas aledañas a la ciudad para vender sus alimentos. Cabe mencionar que se les cobra una cuota diaria por el uso de la credencial.


El trabajo infantil también existe, se ven niños ayudando a sus padres en la venta de nopales o limpiando cebollas.


Otro grupo social importante son las personas en situación de calle que viven en estas instalaciones. Ellos y los que cocinan en los anexos (granjas de “rehabilitación”) se dedican a escoger en la basura (se desperdicia bastante fruta y verdura diaria) y recolectan papas, chayotes, jícamas, zanahorias y todo lo que se pueda.


La Central no duerme, funciona las 24 horas y solo se cierra un rato en el día (6pm a 10pm) para realizar labores de limpieza y de retiro de basura. Durante esas 4 horas nadie descansa. A diario se producen entre 800 y 1200 toneladas de desechos. Hay contenedores gigantes para su concentración, pero es evidente que no funcionan como deberían. La basura sí es problema grave.


En la última década, comenzó a sonar demasiado en medios de comunicación que la Central de Abasto está controlada por la delincuencia y por el narcotráfico. Cito una nota del portal de Milenio del 13 de octubre, 2020.


La Central de Abasto de la Ciudad de México está cercada por el crimen organizado. El grupo delictivo Fuerza Anti-Unión Tepito ha instalado el terror en cada uno de los pasillos del mercado a través de las extorsiones, secuestros, robos, homicidios y todo tipo de delitos”.

Y como esta nota, abundan muchas otras. Hablan de la Central como si fuese un lugar horrible, sumido en la violencia, y eso es falso. El lavado de dinero le ha permitido al narcotráfico adquirir negocios limpios con dinero ilícito. Eso sucede en todo el mundo. Es imposible negar que alguna bodega de la Central de Abasto pertenezca al crimen organizado o que se utilice para mover alguna sustancia ilegal, pero no es común que suceda, no es parte ni de las conversaciones “secretas” de boca en boca.


Tanta afluencia de personas y de dinero, trabajos extenuantes, sobreexplotados y el nulo interés por parte del gobierno, también abrieron espacio a la delincuencia, a la venta de drogas y drogadicción. Los trabajos en la Central de Abasto son de fuerza y resistencia extrema. Los bodegueros, diableros, transportistas y cargadores tienen 2 características fundamentales: son fuertes y resisten el sueño. Tienen que mantenerse despiertos y atentos largas jornadas, incluso por días. Ellos ganan lo que trabajan, no hay sueldo fijo. Entre más trabajo, más es la paga. Dormir significa perder dinero y recurren a las drogas para tener más energía. Ejemplo común: Si a un chófer les pide entregar una carga que regularmente se transporta en 2 días, en uno, y así ganar mil pesos más, es obvio que no va a dormir por cumplir con la misión.


El narcomenudeo independiente también es una situación común y que se realiza con mucha discreción. No hay carteles, hay pequeños distribuidores de droga, lo que comunmente conocemos como dealers. También había espacios utilizados para jugar maquinitas/tragamonedas donde se decía que se vendía alcohol y drogas, pero ya fueron cerrados. Respecto a los robos, los hay, y también han habido muertos, pero tampoco se destacan por su frecuencia. Y las riñas como resultado de las relaciones interpersonales, tampoco pueden faltar.


Otras notas rojas están relacionadas con la prostitución, y vaya que lo investigué y pregunté. Lo más cercano a ese tema que encontré, tiene que ver con la venta de boletos para rifas. Mujeres colombianas muy atractivas vendían dichos boletos, pero ninguna de las personas que me contaron su experiencia trabajando ahí, me aseguró que el premio fuese tener relaciones sexuales con ellas. Incluso, encontré a alguien que ganó $40,000 en una de esas rifas y el dinero le fue entregado sin dificultad alguna.


La vida en la Central de Abasto es como en un barrio, una mini ciudad colonial con su forma de interactuar y que también atraviesa sus problemas y necesidades derivados del origen y la clase de las personas. Y como a todo barrio, lo desprestigian con fines políticos, económicos y sociales. La criminalización de la pobreza, le llaman. Sonaba por los pasillos de la Central durante el sexenio de Peña Nieto que la cerrarían para otorgarle sus concesiones a los centros comerciales como Walmart.


Los problemas que no mencionan los medios de comunicación y que mantiene en una situación de decadencia estructural y de extorsión constante a los trabajadores de la Central y a sus visitantes, es la explotación desmedida del espacio por parte de las empresas privadas. Concesiones que los administradores del FICEDA* otorgaron a diversas empresas más de 10 contratos de concesión para explotar diversos servicios de peaje, baños, estacionamientos aéreos, pernocta, subasta, básculas, propaganda y publicidad. N3ERL y sus empresas asociadas controlan dichos servicios y están amparados para no perder esta concesión. También existe una nómina de 906 trabajadores en el fideicomiso ya citado que no dan resultados en favor de la CEDA, pero generan un costo anual de 215 millones de pesos en salarios. Aparte de la cuota mensual para mantenimiento ($4000 a $8000) que pagan los comercios establecidos.


*FICEDA: Comité Técnico del Fideicomiso para la Construcción y Operación de la Central de Abasto de la Ciudad de México.


Esto es muy importante señalarlo porque esa puede ser la razón por la que los recursos de la cuota de mantenimiento destinada a seguridad, infraestructura, recolección de basura y modernización, entre otros, no se vea reflejada en los hechos desde hace bastantes años. Está siendo saqueada y explotada por las empresas privadas y sus administradores.


La Central de Abasto es el refugio y última esperanza de todos los que quieren trabajar de lo que sea. Los hombres de avanzada edad también cargan y jalan diablos. A veces ya no les quieren dar trabajo porque no pueden con las cargas de hasta 500 kilos, pero ellos se aferran, porque no hay más. Y en esos casos, cuando los cargadores más jóvenes ven que los ancianos van a paso muy lento y que no pueden avanzar porque el peso es demasiado, corren a ayudar y les dan una mano empujándolos. Entre ellos hacen su comunidad. Por lo general, la mayoría de los trabajadores de la Central de Abasto son hombres y mujeres desplazados de sus comunidades de origen por la falta de oportunidades, regularmente de Puebla y Toluca.


Yo me dedico a los abarrotes, la Central es mi mejor opción en cuanto a precios y calidad. Nunca he presenciado un robo o una extorsión, ni siquiera una riña entre trabajadores. Lo que sí he presenciado son las injusticias del sistema; la policía criminalizando a los indigentes y llevándolos en sus patrullas de forma violenta. Eso sí es un problema constante.


Mientras nosotros dormimos, hay un mundo de gente que funciona, que vive, y que es indispensable. Su trabajo es preciso para que funcione la vida, para que podamos adquirir productos básicos cerca de la comodidad de nuestra casa. ¿Acaso no merecen una mejor vida, un mejor trato y condiciones dignas de trabajo? En gran medida, gracias a ellos nos llegan los alimentos a la mesa, y esas personas para poder funcionar y sobrevivir, se someten a cargas de trabajo fuertísimas, y viven del insomnio, del estrés, del desgaste del cuerpo, de lesiones físicas, presión y explotación.

Los trabajadores de la Central de Abasto derrumban una vez más ese falso mito clasista y racista que dice que el que es pobre lo es por “flojo”. Allí hay de todo, menos “flojos”. Es un mundo dentro de un mundo que muestra claramente como los factores socioeconómicos marcan el destino de las personas, porque son personas, no entes.

Es necesario crear más estrategias y practicas comunitarias que nos involucren a todes y generar acción colectiva, eso también es activismo político y revolución.


Y por último: si vas a la Central de Abasto, por favor se amable con los trabajadores. La amabilidad no te hace débil, te hace humano.

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