top of page

¿A dónde van los sapos en invierno?

  • Foto del escritor: Cámara rota
    Cámara rota
  • hace 6 minutos
  • 1 Min. de lectura




Por: Esteban Flores


Algo se queda

cuando debería irse.


No ocupa espacio.

Tampoco se mueve.


La cercanía no hace ruido

y por eso pesa.


Nadie dice nada

y eso se vuelve sistema.


El cuerpo se ajusta

a una frecuencia baja,

constante,

difícil de apagar.


No es expectativa.

Es un hábito adquirido.


Hay gestos pequeños

que no prometen

y tampoco quitan.


Vuelven

con precisión.


Aprendo

a no preguntar.


A observar

como si observar

fuera una forma

de sostener.


El tiempo compartido

no avanza.

Se acomoda.


No afirma.

No niega.


Permanece.


Como algo que entra en pausa.

Como un cuerpo que resiste el frío

sin irse.


El pensamiento regresa

siempre al mismo punto,

ligeramente desfasado.


No es recuerdo.

Es residuo.


El deseo no empuja.

Se instala.


Reordena trayectos.

Ajusta horarios.

Desplaza prioridades.


Nada falla.

Todo funciona.


Eso es lo inquietante.


La idea se vuelve

más habitable

que cualquier certeza.


No espero nada.

Eso calma.


No pido nada.


Cuando finalmente

aparece la pregunta

no rompe nada.


Solo confirma

que el movimiento

ya ocurrió

en un solo sentido.


No fue confusión.

Fue permanencia.


No fue amor.

Fue repetición.


No me quedé

por no entender.


Me quedé

porque entendí

y aun así

no me moví.


Eso

permanece.



Comentarios


© 2025 Cámara rota. All Rights Reserved.

bottom of page