• Cámara rota

Aferrada



Por Heidi Belikov


El amor se gasta, se marchita, se acaba; y lo único que queda hacer, bueno, lo ideal… es darte cuenta a tiempo para no hacer el ridículo. Lo único peor que no ser correspondida en el amor es ser aferrada. Aferrarte a un imposible lástima y desgasta al alma y sobre todo al corazón.

Lo sé porque yo fui una aferrada. No podía soltarte ni dejarte ir. Te necesitaba como los peces necesitan el agua, como los girasoles necesitan el sol, y como los pulmones necesitan el aire. Eras mi sol, mi luna, y mis estrellas. Eras mi principio y mi fin. Eras mis días y mis noches. Eras mi vida entera.


Siempre pensé que había algo romántico en luchar por alguien, la felicidad eventual. Pero mientras estoy sentado aquí en mi cama escribiendo esto con un vacío en mi pecho, donde solía estar la alegría, he llegado a la conclusión de que no hay nada placentero en tener que convencer continuamente a alguien de que te ame.


Es algo doloroso y humillante. Te di todo mi amor y no guarde ni un poquito para mí misma. Y aún así no me arrepiento de haberte amado tan desequilibradamente, intensamente, y profundamente como lo hice. Solo me arrepiento de no haber aceptado el fin de nuestra historia de amor. Nuestro amor murió de forma natural.


Todas las cosas tienen un final, aunque no estemos listos, aunque nos duela, y aunque lo neguemos. Todo, antes o después, tiene un fin. Y este fue el nuestro.


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