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  • Foto del escritorHelly Raven

Cuidado con lo que encuentres en este planetoide




Por Helly Raven


La nave de exploración Colossus realizó un aterrizaje con mínimos problemas de turbulencia. Los censores de a bordo confirmaban que la atmósfera del pequeño planeta era favorable en oxígeno y condensación de agua, haciendo posible el crecimiento de la flora, así como la expansión de su fauna.


De los cuatro tripulantes, tres de ellos, incluido el capitán, se dispusieron a descender para emprender un sondeo del terreno adyacente. Cada uno avanzaría seiscientos metros en una dirección, recolectando muestras que podrían ser útiles a los científicos allá en la Tierra.


Con el mini cañón de pulsos en ristre, el capitán se internó por la tupida y cenagosa vegetación hasta acercarse a un claro en el límite de su radio. Comprobó que no se había desviado demasiado de las coordenadas trazadas y entró en el espacio bañado por la luz otros cien metros, a expensas de las advertencias que él mismo había dado a su tripulación.


En ese instante pudo verla. Una joven hermosa de piel pálida lo contemplaba desde el otro lado del claro. Sus ojos eran grandes gemas color esmeralda, como de animalillo asustado, y su cuerpo desnudo parecía brillar en medio del verdor que los rodeaba.


Totalmente extasiado por aquel espejismo, depositó su arma en el suelo, alzó los brazos, indicando que no representaba un peligro y se acercó lentamente.


Murmuraba palabras tranquilizadoras en un intento por no espantar a tan bella criatura.


A su vez, ella se acuclilló para avanzar a cuatro patas, con lentos movimientos, hacia la figura que se retiraba la escafandra. Mostraba los dientes por momentos, se sacudía o lanzaba cortos zarpazos, pero no daba muestras de intentar huir; lo que complació al hombre. Cuando estuvo suficientemente cerca, un repentino deseo sexual lo embargó. Tan intenso que no pudo resistirse a abrazar y recorrer con sus manos el blanco cuerpo, acariciando los dorados cabellos y besando extasiado sus labios.


Se detuvo un instante para contemplarla y fue entonces que notó cómo la piel se derretía entre sus manos. Los ojos cambiaron con rapidez, del verde a un negro profundo, maligno. En cuestión de segundos, el cuerpo se había metamorfoseado en una maraña de brazos serpenteantes, que lo asfixiaban y rasgaban el traje.


Por último, sintió el aguijón penetrando en su espina dorsal, succionando la médula ósea. Intentó que un grito escapara de su paralizada garganta, mas solo escapó un ligero estertor.


Mientras se le cerraban los ojos, idas todas sus fuerzas, escuchó a lo lejos la voz desesperada de un tripulante, proveniente del sistema de comunicación en el casco.


—¡¡Capitán Conrad, necesitamos que regrese urgentemente a la nave!! ¡¡Hemos descubierto criaturas hostiles en el planeta, capaces de emplear poderosos camuflajes y esporas para atraer a sus presas!! ¿¡Me escucha, Capitán!? ¡¡Uno de los nuestros está herido!!


La oscuridad en los ojos de aquel ser y a lo lejos:


—¡¡Capitán, responda!! ¿¡Me escucha, Capitán Conrad!?


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