• Cámara rota

De tierra y flores


Por Gabriel Molina


Mictecacihuatl, caprichosa, no dejaba de mirarla: hermosa criatura de sol y luna, de fuego y tierra, toda ella como un hermoso cultivo de cempohualxochitl en la más fértil tierra, en aquella, más oscura y más nutrida, que contrastaba de forma sublime con el color de las flores.


Se acercó, lentamente, y agachándose cuidadosamente pudo verla a los ojos.


—Camina conmigo. Acompáñame al Mictlán. No te preocupes por este mundo. Podrás ir y venir cuando quieras.


La pequeña criatura se desperezó, se estiró con gracia y, ronroneando, restregaba su cuerpo en los pies de la diosa, quien no pudo ocultar su alegría derramando una lágrima de jade y otra de obsidiana.


Y así, en el medio de la noche, desaparecieron caminando juntas entre las montañas.


En memoria de nuestra querida Misaki

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