• Juan Ignacio Valencia Díaz

El papel es corto, como el tiempo




Por Juan Ignacio Valencia Díaz


Quizá te preguntas:

"¿A qué vino? ¿A qué vino él? Después de tanto tiempo"

y haces bien en preguntarte

porque si me preguntas a mi

Yo haría mal en responderte: No sé,

Porque no sé bien a bien a qué he venido.

Puede ser que sólo a verte.

Y no lo he conseguido

No te he encontrado.

- Debiera entonces decir adiós ahora,

En este papel escueto, desencarado,

Con las palabras convencionales de despedida

Cerrar el cancel de tu casa con todo y cejilla, y partir.

Puede ser que haya venido a platicarte

De las cosas buenas

de las cosas malas

cosas que pasan, pasaron, o que no pasan.

Del árbol tan alto frente a mi casa

del pan de la panadería de la esquina

- ¡Qué exquisitez! Que no puedo probar -

o de la estupidez que seguro habré cometido este día.

O puede ser que a hablar con tu viejo

de cómo le ha ido en la vida;

del trabajo, los hijos, la economía.

O puede que a con tu vieja. De salud

de libros, de escuelas, o de cocina.

O a conocer a tu perro (¿Cómo se llama?)

y a jugar con él, si le gusta.

Entérate que ahora hablar de los muertos ya no me gusta

que algunos que estaban vivos se me han muerto ya

y cuando creces, la muerte te duele más.

Te roza la sien algunas veces

para luego marchar a molestar a otros,

si tienes suerte.

De la muerte no he venido a platicar.

Tampoco quiero decir que extraño este barrio

aunque a veces dudo y pienso que sí.

Quizá lo que he venido a decir

Es que quizá en verdad extraño este barrio, y te extraño a ti.

Y decir también que

con lo poco viejo que me he vuelto

con la experiencia que ahora cuento

he de decir que lo que me decías era todo verdad;

pero sabrás que yo estaba sordo

y los sordos no pueden escuchar

ni así los ciegos ver. Quizá si te hubiera escuchado...

Pero el dicho reza, y reza bien:

"El hubiera no existe, ni existirá"

Hace frío, me tengo que ir.

Justo ahora, que ya sé lo que te quiero decir...

A medias de la noche, clemencia le falta al tiempo

Tiempo que nunca deja de pasar.

-Pido a la noche que escampe, la lluvia duró mucho ya -

Sabrás que digo yo lluvia

Mas no hablo del clima

Pues el cielo está claro,

Pero nadie abre tu puerta...

Si hubiese un rincón del mundo

donde me permitiesen volver

sería a tu cálido abrazo.

No lo pensaría ni un segundo.

Pero el frío no me permite quedarme.

¡Maldito frío que no me permite quedarme!

La puerta nadie la abrió.

Tuve entonces que devolverme y escribirte esta carta

en la mañana del día siguiente, que es hoy.

Quizá la próxima (si hay próxima)

Sabré qué decirte, sin titubeo

- ¡No me reproches que no sepa qué decir! -

Porque después de decir todo lo dicho

Ahora sé que también he venido a decirte que en estos días pensé en ti.

Casi sin razón. O no sé por qué,

Pero, como dice la canción, así fue.

Así que, si hay próxima

Ten por seguro que sabré decir sin titubeo

Que fui a donde tú a decirte que te pienso.

Me habría gustado volver a tocar la puerta de tu casa,

Que tú la abrieras, y verte,

Y que me vieras. Pero anoche hacía frío

Y la calle tuya me fue desconocida.

Se han ido de mí los bríos...

Así que, sólo me quedó escribirte.

Yo, que quería despedirme

De una vez y por bien, y saldar cuentas.

Decirte te extraño y estas cosas

Que ahora lees aquí. Pero tengo que quedarme

porque en la tarde me esperan

Un taxi, un doctor y una enfermera

Y – espero yo – unas cuantas primaveras más…

Decir “Lo siento, te extraño, que te vaya bien”

No era todo lo que iba a decir

pero el papel es corto, como el tiempo…


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