• Cámara rota

Mi cita de facebook


Hola, ¿tienes planes hoy por la tarde? Leí en un mensaje de texto. No, respondí. Media hora más tarde llegó otro, Te veo en el quiosco a las cinco.


A Eva la conocí en facebook, en un grupo de departamentos en renta, era el alma del grupo, contestaba graciosamente las quejas de los usuarios y por una queja mía empezamos a conversar.


Estaba nervioso, era la primera vez que conocía a alguien de internet, cosa nada nueva para los chicos de esta generación. Yo, un hombre cuarentón que nunca se casó ni consiguió mantener una relación más de un año, conociendo mujeres de internet, qué tonto comencé a sentirme.


Sabía cómo era su rostro por las fotos de perfil que ponía, pero eso no me permitía imaginar si era alta, pequeña, delgada o robusta, Cómo haré para identificarla, pensé.


Al fin dieron las cinco, me entretuve mirando a los jóvenes con sus patinetas bajo el quiosco, y en la gente que pasaba ningún rostro parecido a Eva. Eran cinco y diez cuando apareció por la escalinata del quiosco una mujer de unos treinta y tantos, de tez morena, cabello rizado, delgada y de estatura mediana, sus enormes ojos cubiertos con un par de anteojos sin armazón que parecían no estar en su rostro. Llegó directamente conmigo, Eres Javier, me preguntó. Eva, respondí también cuestionando. Tras un afectuoso saludo nos dirigimos a un café cercano, bromeamos sobre el grupo de facebook y después nos comportamos como un par de adolescentes, de nuestra generación cabe mencionar.


Me gustaría contar el final de esta historia con un Hoy cumplimos ocho años de casados... Pero no, algo que aprendí de esta experiencia y leyendo blogs es que el amor en el ciberespacio no existe.



Por Gabriela M. Torres.



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