• Frida Cartas

Negativa a COVID, y negativa ante la vida: Pensamientos prohibidos



Frida Cartas


Por qué no podemos pensar en la muerte, con deseos, sin que por default te tengan que psicoanalizar, pues “evidentemente estás mal”, por qué no podemos tener deseos de morir sin que forzosamente estés frente a una enfermedad incurable, o una condición física, deteriorada y progresiva, que “justifique” ese “terrible” y “enfermo” pensamiento… vaya, ¿por qué no podemos, pensar y desear morir, de una forma racional, consciente, informada, objetiva como dicen, y común?

Cuando lo haces, cuando expresas que estás cansada de vivir, te caen en masa y en 3, 2, 1, con la velocidad del internet, a decirte “ánimo”, porque asumen que estás decaída y triste, a decirte que “seas fuerte” porque es obvio que ante sus ojos y percepción eres débil, ¿viste?

No se puede tener este pensamiento y deseo, porque si los tienes de seguro es porque te falta un proyecto, una motivación en tu vida, una inspiración, o no le estás echando ganas. Pero yo sólo estoy cansada, harta de “vivir”, sí, así entre comillas, y por eso lo pienso constantemente, por eso lo deseo con frecuencia, y hoy, aprovechando que es lunes y ni las gallinas ponen, lo quise además de pensarlo, manifestarlo, y decirlo, ponerlo por escrito.

Claro que soy productiva, me levanto a las siete de la mañana hasta los domingos, mantengo un hogar a flote con todos los trabajos del hogar, de cuidados, y de crianza. Tengo proyectos personales como acabar una novela que estoy haciendo justo ahora. Tengo tres libros previos publicados, uno de ellos impreso en 4 países. Tengo una docena de textos incendiarios, anarcos, y disidentes, traducidos al inglés, francés, italiano y portugués. Digamos que no soy “una fracasada”, y una “tonta”. Entendiendo que tales cosas son evaluadas por fuera de una misma, con una meritocracia y expectativa más que personal, social. Por muchos años además fui tallerista en temas de sexualidad con perspectiva de género, y tengo una formación política así como experiencia en trabajo de base y calle, en movimientos sociales.

Todos los días hago una rutina de ejercicios en casa. No soy sedentaria. Y para mis 42 años me veo bastante bien, como me lo dicen a cada rato, y no tengo “cuerpo de señora”, como también a cada rato me lo repiten sexista y estereotipadamente.

Soy muy caliente, cojo mucho, mira que yo para el sexo soy deshinibida, y no soy monógama, ni soy de las que necesita estar enamorada o conocer profundamente a la otra persona, ni poner mil requisitos mamalones de que para coger con alguien “me seduce la mente”, ¡já!

En el amor estoy enamorada de mi pareja, como el primer día, y lo acompaño en su paternidad, y disfruto mucho de su familia y de las cosas y proyectos en pareja que tenemos juntos, y trato de ponerme en sus zapatos cuando me habla de sus propios proyectos personales.

Tengo una familia que me “acepta como soy”. Tengo sueños, ideas, ilusiones. Quien me conoce fuera de redes sociales sabe que todo el tiempo estoy riéndome desparpajadamente, y que soy muy burlona, que hago mofa de todo, que me encanta la sátira política, soy muy irreverente, norteña. Norteñota. Tengo tres gatas que disfruto y me tienen también enamorada. He ido a terapia por muchos años, y sigo yendo con regularidad. Nunca me han operado ni he enfermado de gravedad, vamos que ni un huesito me he roto jamás, o me he dislocado ni tantito. Yo sólo estoy cansada de sobrevivir, porque sobrevivir no es vivir, no es vida. Y se sobrevive no sólo a las enfermedades e infecciones, se sobrevive también a condiciones de pobreza, precarización, marginación, criminalización, escarnio, exclusión, y punitivismo moral. Las condiciones de vida escasean cada vez más, para el gran grueso de la población, es innegable, y la vida apesta a tal grado que actualmente hay coaches e influencers de vida.

Estoy cansada, en este tenor. En esta realidad. Todos los días en algún momento, a pesar de todo lo que haga, de todo lo que disfrute, de todo lo que trabaje, de toda la compañía que tenga, del placer, del amor, de las amistades, las risas, la energía, los ejercicios, las ideas, etcétera, todos los días, desde hace algún par de años, hay un momento del día o la semana, que ahí está, el pensamiento y deseo de morir. El agotamiento. Estoy cansada. Muy cansada. Y cuando ese momento aparece, se torna, sí, con tristeza, y muchas veces, con llanto.

Hay quien dice que eso es el capitalismo que te respira en la nuca. Por eso vuelvo a repetir la pregunta, ¿por qué no podemos, pensar y desear morir, de una forma racional, consciente, informada, objetiva como dicen, y común?

Y no me hago la víctima, ni la neurodivergente, porque no soy ni una ni otra, esto que digo es una racionalidad, un pensamiento y deseo estando totalmente sobria y consciente, no estoy borracha ni drogada, porque no son cosas que incluya en mi vida, lo que escribo pues, no es una reflexión hecha desde una emoción o un tormento, sino desde una consciencia de lo cansado que es la vida, la vida que se sobrevive. Nos han educado para aferrarnos a la vida como “lo mejor” y “lo más bonito”, y eso no es tan cierto ni así de simple. Nos educan para asumir que la vida es buena, que vivir es bueno y morir es malo, así que escribir ésto no es una invitación para nadie a desear la muerte, no me interprete ni ponga palabras que no estoy diciendo, escribir ésto es sólo externar mis pensamientos prohibidos, que son condenables por el optimismo que abunda hasta en las galletas chinas de la suerte y la publicidad de Youtube: la vida en sociedad, el éxito, el desarrollo profesional, el status social, la gente, todo es bueno, depende de tí, mantente positivo, échale ganas. Pero yo soy negativa. Siempre desde niña me recuerdo así. Refunfuñona y odiosita. Negativa. Intolerante. Rabiosa. No es cosa de ánimos, es cosa de estar consciente del apeste, y sobrevivencia de la vida, y por lo tanto cansada, a pesar de lo bonito, lo bueno, y “estar sana”. Estoy cansada. Y harta. Muy harta.

Si alguien me dijera: “Toma, te heredo mi fortuna, firma aquí”, y otra me dijera: “Toma este brevaje y en 10 minutos morirás sin sentir tortura ni dolor”, escogería el brevaje sin dudarlo, porque no es choro cuando digo que estoy muy cansada. Y aunque mi sobrevivencia se basa justo en la precarización y pobreza, no escogería la herencia porque son tantos años ya recorridos, que no tengo más ganas ni entusiasmo para este “viaje” y “aventura”, de “la vida”, ¡ujuuuuuú!

Pero no es lo mismo tener deseos de morir, que tener ideas suicidas. No estoy pensando aventarme de un puente o las vías del metro en Chabacano, para joderle el traslado a la gente que va corriendo a trabajar y ni culpa tiene, ni estoy pensando en darme un tiro como si las pistolas las vendieran en la farmacia como en gringolandia, yo sólo estoy cansada y tengo pensamientos prohibidos y condenables por el mundo, ¡porque quién se cree esta tipa para atreverse a pensar y desear la muerte! Seguro le hace falta acercarse a dios. Pero yo soy muy espiritual: hago oraciones y hablo con mis diosas y energía femeninas, casi a diario Yo, insisto, sólo tengo pensamientos prohibidos, llenos de juicios y prejuicios para quien me los conoce, o lee, o los escucha, o me los ve decir. Pensamientos prohibidos llenos de moralismos que condenan lo prohibido, moralismos que dicen que todo ésto son síntomas de estar “mal de la cabeza”, porque de seguro no soy feliz. Y pues sí, sí soy feliz, no de forma perenne, porque eso no lo tiene nadie, no mamen. Y aún así, estoy cansada. Muy cansada.

Soy la anomia que decía Durkheim, digo, si les encanta teorizar y son de esa gente académica, científica, y que exige argumentos a cada pedo que se echa una, jeje. No me importa. Pero vuelvo a repetir la pregunta que me llevó hacer este texto: ¿por qué no podemos, pensar y desear morir, de una forma racional, consciente, informada, objetiva como dicen, y común?



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