• Costura Transgresora

Nudos eternos sin deshacer


Desde pequeña fue débil y amante de la vida; si hubiese nacido en otra época, seguramente se desnudaría en el Romanticismo más que frente a la ciencia o la comprobación de las cosas.


La libertad de los hombres se consagra en los sentimientos y las emociones más que en los logros de la razón; seguro sería la doncella más rara e invisible bajo la presencia de caballeros que regalan rosas espinosas y poetizan a la luz de la luna. El significado de la vida para ella estaría en las cuestiones más absurdas y carentes de sentido como ¿la oscuridad tiene un fin? o ¿la fe de mi madre la llevará al cielo?


Como amante de la vida, le encanta contradecir la belleza, lo positivo, lo uniforme, lo correcto, lo ético, la moral, la verdad, Dios, lo puro, lo inocente, lo santo, lo sagrado, y, evidentemente las situaciones anteriores alimentan las almas y las abrigan en una esfera de salvación, fantasía y alegría; pero Mirella no era la gloria y bendición de su madre, Mirella era el monstruo que deja ver a la luz el sufrimiento de su madre; y con ello, tal vez la perversión de aquella jovencita radique en los pensamientos de aborto que tenía su madre al enterarse de su embarazo. No lo sé, no sé cómo podríamos encontrar explicaciones que muestren la destrucción de sus emociones, de sus placeres, de sus energías, de su fatiga y cansancio.

Las lágrimas inundan sus sueños y el frío congela sus suspiros. Diversos traumas desde que era un feto en el vientre de su madre le dañaron su pasión por la vida, de ahí su interés por lo desagradable y repulsivo de la vida, de ahí que las noches se conviertan en un laberinto del que no pueda salir. Se ahoga en sus lágrimas, se perturba por sus gritos internos, no hay consolación de nadie.


La vida para Mirella toma sentido cuando piensa que las personas con ojeras son seres con aspiraciones muertas, los pensamientos constantes por la muerte de ella y de su madre se convierten en una especie de adicción. Podemos decir que la vida del siglo XXI refleja un poco toda la apatía y pesimismo que colecciona nuestra dama moderna.

Alguna explicación debe haber en el momento en que el Padre Nuestro le desgarra las entrañas de su cuerpo y al entrar a la iglesia o al escuchar el Ave María siente como las clavículas, las costillas y las articulaciones de su cuerpo se contraen, arden y duelen.


Decidida a dejarse guiar por los cantos de los ángeles caídos ella buscará su propia salvación. Está cansada de tanta hipocresía, guerras, maltratos, abandono y de la humanidad en desgracia, escogerá el camino negro, donde las flagelaciones sean la única alternativa, está sola y el dolor será su compañía infinita.

Subleva el dolor y su agonía como una alma en pena, abandonada por los humanos felices, ella subleva su existencia y escribe el manifiesto de la destrucción. Desgarrada y fatigada de la vida, no le queda más que descansar en el valle de las flores marchitas, en el valle de los lagos secos, en el valle de los bosques quemados, en el valle de los humanos hechos cenizas, en el valle de las lluvias ácidas, en el valle de los ahorcados, de los afligidos, de los desterrados.


Fluye Mirella respira profundo

fluye Mirella no reprimas el dolor en tu pecho

fluye Mirella sonríe ligeramente como la Gioconda

fluye Mirella ten miedo de la verdad

fluye Mirella inspírate una vez más

fluye Mirella los demás se han muerto

fluye Mirella y nacerás de nuevo.


Por Costura Transgresora


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30 de abril