• Frida Cartas

Pa’miar y no echar gota

Frida Cartas


Sobre las mujeres trans se ha dicho de todo, y se sigue diciendo de todo, que si ésto o lo otro, que son así y asá, que no deben, que no pueden, ¡y hasta que no existen! No voy hacer acá una lista ni un recuento de tremendas manifestaciones de odio y escarnio. Usted las puede ver/escuchar si presta atención a su alrededor: en su familia, trabajo, escuela o colonia; con sólo googlear o entrando a cualquier red social ahora que abundan por allí los expertos y expertas en violencia, los científicos, los poseedores absolutos de la verdad… y demás conservadores/fascistas sexuales.

Se les olvida bien fácil que del mundo será la opinión, que todos tendrán “algo que decir”, pero que de nosotras, y sólo de nosotras, es y será la experiencia. Y la experiencia es conocimiento. Empírico si quieren, pero conocimiento. Nosotras estamos aquí, poniendo el cuerpo no una opinión. Poniendo el cuerpo y resistiendo, fuertes y poderosas. Cargando un cuerpo que se sale de la norma. Mientras que para la demás gente es bien fácil hablar y opinar, cuando las muertas por su odio y miseria humana las ponemos nosotras, de este lado, las trans y las travestis.

A nosotras se nos exige cada rato y por doquier que expliquemos y demostremos qué es ser mujer trans. Que esa demostración, comprobación y ar-gu-men-ta-ción, sea ademas cien-tí-fi-ca, ¡y la verrrr-datttt! Como dice Niurka. Y he ahí el primero de sus actos clasistas y racistas, pues las mujeres trans tenemos una exclusión y marginación desde chicas, lo que nos impide ir a la escuela, y ejercer ese derecho humano a la educación como el resto de la gente “normal”. Somos salvajes. No tenemos las herramientas filosóficas ni discursivas para dar explicaciones que satisfagan las exigencias de tan experta y científica gente. Que además se auto-erige como un máximo tribunal. A nosotras las trans nos corren de casa, por “la aberración” de usar un vestido o las zapatillas de nuestra hermana o madre. Somos la vergüenza de las familias. Nosotras somos putas, migrantes, vivimos en la calle, de arrimadas aquí y allá, siempre corriendo de la policía y nuestros agresores, siempre huyendo de los espacios, tenemos una expectativa de vida de 35 años como si fuera el año 1500, a nosotras nos matan, nos arrojan al suicidio de tanto bullying que causa depresión y muerte, nadie nos quiere dar trabajo porque damos mal aspecto o no tenemos el brillante currículum de súper competencia mundial, nadie nos quiere hacer una pareja de amor formal y visible, porque les da vergüenza que los vean, a ellos, “los normales” con una trans… Las mujeres trans tenemos VIH porque hemos sido orilladas a la clandestinidad y el uso de alcohol, de drogas, y a devenir vampiras que salen mejor de noche y se juntan con otras personas que también han sido excluidas de todo “lo bueno y bonito” de la sociedad. ¿A las personas No Trans se les exige tanto y lo mismo?

Y que conste en actas, bueno no en actas, pero sí en este texto, que no es victimización, revictimización, o lamento, lo que estoy diciendo, es la puritita realidad, apabullante y sonante, de las trans. Para cualquiera que hurgue ya sea por morbo, curiosidad, o genuino interés, en la historia de las trans en América, se va a topar con que esta realidad ha sido nuestra genealogía, y es aún, mayormente nuestro modus vivendi en la actualidad. Por mucho activismo y buena onda que haya ahora para con nosotras, esto sigue así. Hoy en día se nos trata con condescendencia. Se nos usa de botín político para una progresía de selfie, y las dobles palomitas verdes en el carnet de la gente buena “que nos ayuda”. Se nos usa para cabildear un fondo económico en una AC, o para capitalizar, aunque sea mediáticamente, con nosotras y la afamada inclusión, que la toman más de forma pero no de fondo, ésto tanto por parte de funcionarios en partidos, dependencias, colectivas, oenegeísmos o hasta las cámaras del país. Pero nosotras seguimos estando jodidas entre las jodidas, seguimos marginadas, y no vulnerables sino vulnerabilizadas. El que haya una docena de figuras mediáticas en cine, en la tele, en modelaje de una marca, de youtubers influencers, o formado una microempresa, no es representatividad ni significa por default que hoy en día “ya tenemos las mismas oportunidades” y hasta “nos excedimos en derechos”.

El que hoy en día nos quieran pintar que hay grandes líderes trans y modelos a seguir, solo reafirma esta idea colonial, clasista y racista, de que ya somos “como el resto de la sociedad”. Nos quieren sembrar un optimismo tóxico, y blanqueado, de que “todo depende de nosotras”, porque con ello niegan fácilmente la clase, la desigualdad estructural e histórica que nos arrastra, la pobreza en que estamos hundidas, el que no tenemos ni cosas básicas como los papeles con nuestra identidad, títulos escolares importantes o posgrados en el extranjero, acceso al sistema de salud, que no tenemos un apellido de alcurnia o doble nacionalidad que nos facilite algo, y que no dominamos tres idiomas porque básicamente hemos vivido sobreviviendo la transfobia y no tenemos tenido tiempo ni recursos, ni salud, ni techo, ni redes, ni tarjetas de crédito, para hacer lo que hace la demás gente “normal”. Hay un privilegio de clase, y les molesta que se los digamos. Creen que lo inventamos o nos hacemos las mártires.

Cuando en estos “debates” así entre comillas, nos exigen ciencia, para que defendamos y validemos nuestra vida como si fuera una tesis, y les hablas de sociología, de antropología, de historia, de psicología, de lingüística (aún en los términos más rústicos y experiencias empíricas que es pa’loque nos alcanza), te dicen que eso no es ciencia ni científico, porque para esta gente fascista sexual ciencia es sinónimo de biología ¡y nada más, te callas! Así como los fundamentalismos religiosos, como el Frente Nazi-onal por la Familia, como el grupo europeo ultraconservador “Hazte Oír”. Porque el asunto es seguir jodiéndonos nada más. Seguir haciéndonos escarnio. Cuidado y alguna trans que sí ha leído libros les diga que ser mujer es una ficción política y sexual, una construcción de normas, cultura, lenguaje e imposiciones. Un sujeto histórico que ha ido cambiando con el tiempo y protagonizando un hecho. Cuando te dicen que “debatas” en realidad te retan con una patanería y superioridad moral/de clase, para que les convenzas, porque en el fondo no quieren debatir ni conversar ni escuchar, ni saber, ni oír sobre las experiencias que son conocimiento, sólo quieren joder. Que les convenzas, somo si nuestra existencia fuera además de una tesis, un infomercial.

Se burlan cuando muchas de las trans decimos “que yo así me sentí” desde la infancia. Porque dicen que ser mujer no es un sentimiento, lo cual demuestra que no son tan intelectuales y estudiadas como presumen estas gentes fascistas, porque claramente lo que las morras trans quieren decir sin academia ni teoría no es un sentimiento sino un sentido de pertenencia, y eso, es una identidad, si revisan los libros de sociología y antropología lo van encontrar claramente. Todo mundo sea o no trans tiene una identidad. Toda la gente pertenecemos a algo. Es lo que nos hace mundo social, cultura, y sociedad.

Las mujeres trans somos una experiencia porque la sexualidad no es fija ni estática, fluye y se desarrolla… y porque la sexualidad es tener un cuerpo y todo lo que pasa en él es sexual y sexuado. Ni más ni menos. Todas las experiencias son válidas, no hay una experiencia universal sobre “así tiene que ser la sexualidad”, “así tiene que ser un cuerpo”, y mucho menos un “así tiene que ser una mujer”. La opinión no es más que opinión. Muchas veces disfrazadas de “libertad de expresión” cuando sólo son discurso de odio cual iglesia, clasismo disfrazado de academia, y racismo disfrazado de teoría y “verdad”. Si usted es inteligente también sabrá ver ésto en sus espacios de vida, en el google o las redes sociales. Si no lo ve es porque es parte de quienes ejercen todas estas cosas contras noso-trans.

Pero más aún. Las trans no estamos en paz o tranquilas ni dentro de los feminismos ni dentro de la disidencia sexual o comunidad LGBT, también aquí nos joden y tenemos una lupa puesta encima 24/7. Si una usa un escote o un tacón, ya está contribuyendo al sexismo y la cosificación mundial, es culpable de la opresión de otras en el otro lado del planeta, esa trans sola por sí misma sostiene la opresión, la reproduce, ¡como se atreve qué no piensa! Si una habla de placer sexual, o de sus chichis, está “erotizando su opresión” y por lo tanto burlándose de la opresión de las demás. Según tanto “análisis” online eso es violencia simbólica, igual que la trata con fines de explotación sexual o una violación equiparada, ¡lo mismito! Blá blá blá. Si una habla de que además de la tan repetida y reiterativa autopercepción (que en el fondo nos responsabiliza pues “para qué eres así, si eso sólo está en tu cabeza”), también las lecturas sociales son importantes y tienen un peso puesto que no vivimos dentro de una probeta de laboratorio sino en una sociedad, donde hay lenguaje, códigos, símbolos y cultura, entonces una es la gran tonta binarista que no se cuestiona y es opresora, agresora de las demás personas no binarias en el mundo y toda “la comunidad” que sí lucha “de verdad”. Si una quiere pasar aunque sea un sólo día sin agresiones y menos jodida, y usa a su favor los estereotipos de género ya sea por salud mental o porque sólo con ello ha podido llevarse el pan a la boca y tener aunque sea 100 pesos, uy, ¡como se atreven! Malditas, mil veces malditas, malas trans que están atacando y oprimiendo a toda la diversidad sexual y a todos los feminismos. ¡No tiene congruencia tuitera hay que lincharla! Por su culpa no se avanza. Esas trans sostienen al sistema, al capitalismo, al patriarcado, a la heterosexualidad, a los machos, a los agresores, al calentamiento global y a AMLO en el poder. Malas, malas como la arañas y con todas la mañas, dijera Liliana Felipe.

En ningún lado estamos en paz y tranquilas sin que nos jodan, y nos sometan a un escrutinio de lo que DEBEMOS hacer, de lo que decimos y CÓMO lo decimos, de cada palabra que usamos, de LAS BUENAS FORMAS que sí ayuden “verdaderamente a la revolución, al deconstrucción y a el cambio”, porque cui-da-di-to y no lo hagamos pues entonces nos vamos a quedar más solas, y cuando denunciemos algo no nos van a creer, como al resto, porque ya tenemos terribles antecedentes de malas trans y travestis, que para castigarnos y enjuiciarnos no bastaba con la sociedad transfóbica, la iglesia y el Estado de la buena ciudadanía, hacía falta también entablar tribunales dentro de “la revolución”… ¿a la gente no trans le exigen tanto y lo mismo?


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