• Nicolás Jaula

El picor


Aún no había abierto completamente los ojos ni adecuaba su visión a la oscuridad, cuando se dio cuenta que estaba sucediendo de nuevo. Habían transcurrido ya tres meses desde la última vez, mismos que simbolizaban la inaguantable espectativa y el terror de todo se repitiera.


El "picor" había vuelto, ese dolor indescriptible que navegaba entre el ardor penetrante y una aguja entrando de lleno en el centro de la rodilla, atravesando el músculo y el hueso de golpe. La tortura era tan fuerte e insoportable que lo mantenía estático, casi inmovilizado. Solo pudo incorporarse con todas sus fuerzas sobre la fría cabecera metálica de la cama y descubir su cuerpo desnudo.


Por alguna razón comenzó a ver todo claramente, como si sus ojos hubieran sido hechos para desplazarse en plena oscuridad. Había centrado inmediamente la mirada en su pierna derecha, la que experimentaba y generaba el dolor que se extendía por todo su debilitado ser. Fue entonces cuando, casi de manera identica a la última vez, su rodilla empezó a vibrar, como si se tratara de una máquina de vapor.


Poco a poco notó cómo la piel de su rodilla empezaba a abrirse, capa por capa. El dolor continuaba, pero el terror de lo que se avecinaba lo distraía y anestesiaba. Escazos minutos después se encontraba completamente abierta, como una flor, y lo que más temía se asomó desde dentro de su carne viva. Observó su cabeza (si es que eso era su cabeza) salir y desplazarse lentamente sobre su pierna, como dirigiéndose hacia él. Si se hubiera atrevido a decirselo a alguien más, habría descrito a la criatura como un gusano, pero en el fondo sabía que había elementos que lo distanciaban de esa imagen.


La criatura avanzó, extendiendo su largo y viscoso cuerpo hasta el centro de su pecho, para luego descender por el costado del tórax hacia el viejo colchón, perdiéndose en la orilla de la cama. Él perdería la conciencia por el shock y despertaría horas más tarde con el frío seco y la luz grisácea de la mañana. Flexionó debilmente la rodilla para observar un pequeño puntito color negro en el centro, mismo que sabía perfectamente que iba y venía con las noches que tanto lo atemorizaban.


Entradas Recientes

Ver todo