• Nicolás Jaula

Las luces



Por Nicolás Jaula


Las luces los iluminaban y fotografiaban por segundos. Rojo, verde, azul, amarillo. Ese lugar, frío, amplio y oscuro durante los días, retumbaba con la música y los pasos de baile al unísono. El sudor y el éxtasis comunitarios se sentían en el ambiente, mientras que el sonido de los vasos, las risas, los gritos y los cantos desafinados componían una versión única de esas canciones reconocidas.


Él estaba en medio de todos, inmóvil, petrificado. Su rostro conservó una mueca extraña, una que nunca hubiera surgido en un contexto ajeno. Nadie lo notaba ahí, estático, aterrorizado por dentro. Sus músculos tensionados comenzaban a generarle un enorme dolor que jamás había experimentado, como si alguien estirara sus nervios hasta reventarlos.


Su dentadura estaba tan apretada que él mismo se imaginaba los hilos de sangre escurriendo por sus encías, pese a no sentir el sabor. Sus pupilas permanecían fijas y dilatadas en un solo punto, limitando casi por completo su vista periférica. Debido a la confusión y el terror, apenas pudo notar cómo el antro comenzaba a vaciarse con el paso de las horas, hasta que cerca del amanecer, unas luces enceguecedoras iluminaron por unos minutos todo el lugar, para luego apagarse por completo.

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