• Cámara rota

Monstruos





Por Gabriel Molina

El nuevo alumbrado público me deslumbró. Su luz blanca es tan fuerte que devora todo a su paso. ¿Dónde quedó la noche? ¿Por qué huimos de ella?


El tiempo de los espíritus se ve cada vez más lejano. El manto nocturno les fue arrebatado y huyen en desbandada, procurándose al menos un pedazo de oscuridad entre un recoveco y otro.


Hubo un tiempo en el que un simple murmullo de ellos erizaba la piel. Sus voces se mezclaban con la imaginación humana, imágenes terroríficas emanaban de la mente de quienes les escuchaban y eran amplificadas en relatos de recuerdos inexactos, nublados y por tanto más aterradores.


Nada de eso era mal intencionado. Solo deseaban un poco de tranquilidad. Querían mantenerse lejos de esa extraña criatura que arrasaba con todo a su paso, que devoraba el mundo y lo hacía inhabitable, frío como una roca, pero más gris, más triste.


Pero era incontenible. Expulsados de su propio hogar, arrebatados de la noche. Condenados a la clandestinidad y al exterminio. ¿Qué daño podían hacernos? Les imaginamos, les atribuimos nuestros miedos y creamos seres ficticios, mientras que ellos tenían que seguir huyendo.


Criaturas de la noche. No las de nuestra imaginación. Aquellas, las que estuvieron antes de nosotros, las desplazadas, las que se siguen alejando: las que nos temen.

¿Quién es el verdadero monstruo?

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